
Sección: Cartas al editor
Veritas & Research, Vol. 7, N° 1, 2024, 1-3
ISSN 2697-3375
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más estudios hacen uso del concepto de
representaciones mentales sin recurrir a una
descripción de su implementación física.
El desarrollo de métodos no invasivos de neuroimagen
y electrofisiología como la resonancia magnética
funcional (fMRI), la electroencefalografía (EEG), y la
magnetoencefalografía (MEG), han facilitado en gran
medida relacionar el comportamiento con sus bases
cerebrales. Mientras fMRI dispone de resolución
espacial para determinar con gran precisión las regiones
cerebrales donde tienen lugar ciertos procesos
mentales. EEG y MEG brindan resolución temporal
para caracterizar los instantes de tiempo en que dichos
procesos ocurren. Al combinar dichos métodos con
técnicas avanzadas de modelamiento y análisis de
datos, como aprendizaje automático, aprendizaje
reforzado, aprendizaje profundo (del inglés machine
learning, reinforcement learning, deep learning,
respectivamente), se ha permitido poner a prueba
propuestas teóricas, así como interrogar las bases
neurales de las representaciones mentales y sus
diversas características. Por ejemplo, estudios
utilizando fMRI han demostrado que el hipocampo
(una estructura cerebral asociada principalmente a
procesos de memoria) representa topográficamente
características espaciales del entorno, pero codifica
también representaciones conceptuales usando
topografías similares (Constantinescu et al., 2016). El
conocimiento sobre el hipocampo se ha extendido más
allá de funciones de memoria, pues se encontró que
también representa esquemas de planificación e
información prospectiva (Crivelli-Decker et al., 2023).
Se ha demostrado también que las representaciones en
la corteza prefrontal (asociada a la capacidad ejecutiva
y personalidad) están organizadas jerárquicamente, con
zonas rostrales representando información más
abstracta, y zonas caudales representando información
más explícita (Badre, 2008), una organización que se
ha propuesto se refleja también en la corteza cingulada
anterior, donde control cognitivo y decisiones
abstractas se representan en sus zonas más rostrales,
mientras sus zonas más caudales representan decisiones
y acciones explícitas (Alejandro & Holroyd, 2024b).
Estudios empleando EEG y MEG demostraron
respectivamente que representaciones visuales ocurren
simultáneamente con y pueden guiar representaciones
motoras (como quien navega hacia su cama en
oscuridad luego de apagar la luz) (Van Ede et al., 2019),
y que representaciones de memoria (recuerdos) son
reproducidas en una acelerada/comprimida escala
temporal (como quien adelanta un video buscando un
momento específico) cuando intentamos recordar
(buscamos) un elemento en nuestra memoria
(Michelmann et al., 2018).
El poder examinar la actividad cerebral de personas (ya
sea a través de fMRI, EEG, MEG, etc.) mientras
realizan tareas cognitivas abre la puerta a la
caracterización de ciertos estados mentales,
permitiéndonos leer sus mentes para decodificar
acciones desde sus intenciones (Gallivan et al., 2011),
y asociar espacios mentales con regiones cerebrales
puntuales que representan estados abstractos y
planificación prospectiva (Alejandro & Holroyd,
2024a).
Curiosamente, el uso de representaciones para llevar a
cabo funciones mentales no es exclusivo de la mente
biológica. Ciertos modelos computacionales incluyen
en su implementación la capacidad de extraer y
combinar representaciones con el objetivo de asemejar
y entender mejor la mente humana. Por otro lado, redes
neuronales artificiales, ya sea por facultades inherentes
a su diseño, o por desarrollo intuitivo, tienden a crear,
implementar, y operar en representaciones similares a
las observadas en cerebros biológicos, para planificar y
resolver problemas (Huh et al., 2024), lo que sugiere
que tanto cerebros como máquinas utilizan recursos
similares para interpretar el entorno y cumplir
objetivos: abstracción eficiente de información para
construir modelos internos.
Resumiendo, este artículo no ha pretendido ser una
revisión exhaustiva sino pintar una escena y encender
la curiosidad sobre el potencial del estudio de
representaciones mentales para revelar verdades
fundamentales sobre la inteligencia humana. Aunque el
significado de representación no sea universalmente
acordado a través de disciplinas, existe consenso
transdisciplinar en que el concepto de representación es
fundamental para entender el cerebro y mente
humanos, así como el comportamiento que yace en y
desde ellos. La importancia de estudiar las
representaciones mentales radica además en que
solamente al entender la organización de la función
cerebral es posible indagar sobre las condiciones que
llevan a la disrupción de su funcionamiento normal. Por
ejemplo, caracterizar los mecanismos neurales para
representar recuerdos nos puede abrir puertas para
entender (y atacar) enfermedades como Alzheimer.
Entender la dinámica interna del cerebro para priorizar
representaciones puede iluminar nuestro entendimiento
sobre condiciones como comportamiento obsesivo
compulsivo, depresión, y autismo. Un riguroso diseño
experimental de estudios tanto conductuales como de
neuroimagen (ambos pueden ser igualmente
iluminantes) es fundamental para garantizar el avance