
Sección: Salud y Psicología
Research, Vol. 7, N° 1, 2024, 82-93
ISSN 2697-3375
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Así mismo, la llegada o el agravamiento de
enfermedades, tanto biológicas como psicológicas,
representa un fenómeno que altera de manera
significativa la CV en la etapa de la adultez mayor
(Aguilar et al., 2019; Piña Osorio & Cuevas Cajiga,
2004). Centrándonos en el contexto psicológico, la
manifestación de sentimientos de insuficiencia,
acompañada de la pérdida de la independencia, pueden
conllevar a experimentar una profunda desesperación,
una situación que, como lo sugiere Erikson, es un
conflicto interno “necesario” (Losada y Álvarez
Strauch, 2014).
Además, es imperativo que el adulto mayor busque
reafirmar su valor existencial, un proceso que implica
la reflexión profunda sobre sus vivencias pasadas, las
cuales no solo constituyen un ambiente propicio para el
aprendizaje y el crecimiento personal aumentando su
CV según estudios previos (Madruga y Quejia, 2019;
Mesa et al., 2020).
Según Martín Quintana y otros (2021), el concepto de
envejecimiento saludable trasciende la mera ausencia
de enfermedades en la vejez, enfatizando la
importancia de la capacidad individual para llevar a
cabo aquellas actividades que se consideran valiosas a
lo largo del tiempo. En definitiva, la gestión adecuada
de las adversidades asociadas a la vejez puede
transformarse en una oportunidad para el desarrollo
personal y social, así como la CV, siempre que se
aborde con una perspectiva de crecimiento integral
(Ángeles et al., 2021).
Medición de CV en adultos mayores
La investigación de Guzmán-Muñoz y otros (2020)
identificó los diversos factores que inciden
negativamente en la CV, tales como, el género
femenino, patrones de sueño inadecuados, una
alimentación deficiente, el tabaquismo y un estilo de
vida sedentario.
El estudio realizado por Cardona Arango y otros (2018)
menciona que, en Colombia, el 41% de hombres
adultos mayores consideran que tienen una mala CV,
mientras que el restante 64.6% consideraban que tienen
una buena CV. Por otro lado, en México, Peña-Marcial
y otros (2019) determinó que el 80% de los encuestados
adultos mayores identificó una mala CV debido a que
presentan porcentajes altos de problemas sociales,
físicos y emocionales.
En el contexto Latinoamericano uno de los principales
problemas en los adultos mayores es la profunda
desigualdad que existe en distintas dimensiones como
los sistemas de salud, niveles de pobreza, sistemas de
protección, factores que influyen en una percepción
baja de CV, factores que se agravaron en la pandemia
(Aranco et al., 2018; Xie et al., 2014).
Por otro lado, en los factores que aumentan la CV, se
encuentra en primer lugar el ejercicio físico, aquellos
físicamente activos, frente a los sujetos inactivos,
tenían menores niveles de depresión, constituyendo a
esta dimensión como un factor protector (Galán-
Arroyo, 2022). Así mismo, un estudio realizado por
López-Nava y otros (2023) concluyó que el 62% del
total de la muestra realizan actividad física en una
media de 1-2 horas a la semana y fueron estos
individuos los que presentaban mejor CV a contrario
con los que llevaban una vida sedentaria.
Otro factor protector es la dimensión de bienestar
emocional. Si bien, la salud física es un factor
relacionado con un envejecimiento saludable, este no
ejerce una influencia determinante en los aspectos
relacionados con la salud mental (Martín Aranda,
2018), de hecho, la investigación conducida por
Henríquez & Cintado (2015) pone de manifiesto que
los individuos que adoptan una perspectiva de vida
equilibrada y optimista tienden a disfrutar de una
percepción significativamente más positiva de su salud
mental en comparación con aquellos que poseen una
emotividad más contenida.
En este contexto, los adultos mayores que reportan una
CV inferior se ven, lamentablemente, más
predispuestos a experimentar una mayor carga de
emociones negativas, lo cual no solo afecta su
percepción del bienestar, sino que también puede
agravar condiciones preexistentes (Moreira Valencia,
2023; Gálvez Olivares et al., 2020). Así, es crucial
reconocer la intrincada relación entre la salud mental,
la emotividad y las experiencias de vida en la
configuración del bienestar emocional, especialmente
en poblaciones vulnerables como son los adultos
mayores.
El miedo a la muerte, aunque no se asocia directamente
con la CV en términos absolutos, presenta una relación
interesante cuando se considera el proceso de morir en
el contexto de factores ambientales (Joaquín Calva et
al., 2021). Según el estudio de Duran-Badillo y otros
(2020a), se evidencia una correlación negativa que
sugiere que a medida que la CV mejora, el miedo al
proceso de morir tiende a disminuir. Esto indica que un
entorno propicio, que fomente el bienestar físico y
psicológico, podría ser determinante en la percepción
que las personas tienen sobre la muerte, aliviando así la
ansiedad que este inevitable fenómeno genera.