
Sección: Salud y Psicología
Research, Vol. 7, N° 1, 2024, 71-81
ISSN 2697-3375
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experiencia subjetiva y única para cada individuo.
Varios modelos han sido propuestos a lo largo de los
años para poder entender de una manera más completa
la satisfacción sexual, el modelo de Lawrance y otros
(2020) denominado Interpersonal Exchange Model of
Sexual Satisfaction Questionnaire (IEMSSQ), plantea
a la satisfacción sexual como una respuesta de índole
primaria afectiva que surge a partir de la valoración
subjetiva de las dimensiones positivas y negativas
asociadas a la relación sexual. Autores como Calvillo y
otros (2020) y Vargas y Aragón (2018), destacan el rol
de la satisfacción sexual en la satisfacción de la relación
de pareja: numerosos estudios muestran que parejas
que reportan un alto nivel de satisfacción sexual
también perciben una alta satisfacción de la relación de
pareja (Beaulieu et al., 2023; Urbano-Contreras et al.,
2019).
Para este estudio la categorización de la satisfacción
sexual será comprendida en base al trabajo de Štulhofer
y otros (2010) quienes proponen tres enfoques de
satisfacción sexual: el personal, que incluye a las
sensaciones y la conciencia sexual individual, el cómo
la persona percibe los estímulos sexuales y la capacidad
que tiene para concentrarse en las sensaciones físicas y
las reacciones psicológicas y fisiológicas; el
interpersonal, que engloba al intercambio sexual y el
apego emocional que se percibe con la pareja sexual; y
la actividad sexual, que hace referencia a las
características del acto sexual, la variedad, frecuencia,
duración e intensidad del encuentro.
Por otro lado, la impulsividad a menudo se ve asociada
a una mayor frecuencia de la actividad sexual,
conductas sexuales problemáticas, bajo autocontrol,
consumo de alcohol, infidelidad, conductas sexuales de
riesgo (Aponte-Zurita & Moreta-Herrera, 2023;
Magnusson et al., 2019; Sassover & Weinstein, 2024).
Un factor importante para una satisfacción sexual
óptima es la capacidad para auto controlar el deseo
sexual y los impulsos, así como la capacidad de
concentrarse en el momento del acto sexual, las
sensaciones y la conexión emocional (Dosch y otros,
2016).
De acuerdo a Catzín-López y otros (2021) la
impulsividad se puede entender como un componente
psicopatológico asociado a varios síndromes y
trastornos que son diferenciados por su presencia como
criterio diagnóstico, incluso situándola como la
caracterización principal de varios trastornos clínicos y
de personalidad. La literatura describe este término
según las alteraciones psicopatológicas y no desde lo
inherente de la naturaleza humana, mostrando una
tendencia a patologizar todo lo asociado a la
impulsividad. Concepciones biopsicosociales como las
de Barratt y otros (1997) resultan integradoras y por
ende más allegadas a la complejidad humana,
definiendo a la impulsividad como una propensión a
tomar una acción no reflexiva como contestación a un
estímulo que puede ser interno o externo, tomando en
consideración aspectos psicobiológicos predisponentes
propios de la impulsividad.
Estudios muestran que los estudiantes en etapa
universitaria presentan altos niveles de impulsividad
(Apaza et al. 2023; Brenlla & Germano, 2023) y se
encuentran en una etapa activa con respecto a su vida
sexual. Dentro del ámbito sexual, al presentar
características impulsivas, esta población busca una
gratificación inmediata en cuanto al sexo, al enfocarse
principalmente en el goce o el placer del sexo
escasamente toman en cuenta las posibles
consecuencias negativas derivadas, lo que influencia de
manera negativa en su satisfacción sexual (Badillo-
Viloria et al., 2020). Otra variable asociada a la
satisfacción sexual son las conductas sexuales de
riesgo, estas conductas afectan a la satisfacción sexual
y los adultos jóvenes a menudo se ven inmiscuidos en
ellas (Reguera-Torres et al., 2015). Una característica
de la impulsividad es la toma de decisiones basada en
la gratificación inmediata, esto aumenta las
probabilidades de verse involucrado en situaciones que
ponen en riesgo el bienestar y la salud de la persona al
desestimar las posibles consecuencias perjudiciales a
futuro (Paasche et al., 2019).
Un estudio realizado por Michelini y otros (2021) sobre
la relación entre las conductas sexuales de riesgo y el
consumo de sustancias, inicio sexual temprano e
impulsividad rasgo en una muestra de estudiantes
universitarios sugiere que el consumo de sustancias y
la impulsividad están relacionados a una mayor
frecuencia de conductas sexuales de riesgo, los
resultados del estudio reflejaron que el 75% de la
muestra reportó arrepentimiento relacionado a su
comportamiento sexual y el 30% reporto sentir
arrepentimiento por no usar métodos de protección
durante el sexo, este y otros estudios subrayan que la
población más vulnerable para estas conductas
peligrosas se caracteriza por un inicio de la vida sexual
precoz, el consumo de alcohol y sustancias y la
impulsividad (Alfonso-Figueroa et al., 2020;
Leonangeli et al., 2021; Paredes-López et al., 2023).
Datos recientes indican la prevalencia de conductas
sexuales de riesgo en poblaciones universitarias,
Redondo-Martín y otros (2021) y Tapia-Martínez y
otros (2020) indican que las prácticas como el mantener
relaciones sexuales sin protección, tener múltiples