Hombres en el espejo del género
Veritas & Research, Vol. 7, N° 2, 2024, 221-235
ISSN 2697-3375
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Hombres en el espejo del género: percepciones sobre
discriminación, beneficios, violencia y adhesión a estereotipos
Marie-France Merlyn1, Elena Díaz-Mosquera1* & Sonia Merlyn-Sacoto1
1 Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Ecuador
* Autora corresponsal. E-mail: endiaz@puce.edu.ec
Resumen
El concepto de género abarca tanto lo femenino como lo masculino, sin embargo, suele asociarse exclusivamente
con las mujeres, una percepción influenciada por las luchas sociales y los enfoques legales y académicos que
invisibilizan las problemáticas de discriminación y violencia que afectan a los hombres. El objetivo de este estudio
es examinar la percepción y experiencia de hombres en relación con la discriminación, los beneficios asociados a
los géneros, la violencia y la adhesión a estereotipos. Participaron en este estudio exploratorio y descriptivo 204
hombres ecuatorianos de 18 a 69 años, quienes completaron una encuesta con preguntas abiertas y cerradas, además
de una ficha sociodemográfica. Los resultados revelan que los participantes perciben y experimentan
discriminación por género y consideran que ambos géneros se benefician de los roles tradicionales. Los hombres
encuestados muestran una alta adhesión a estereotipos masculinos y reportan haber sufrido violencia de género,
principalmente perpetrada por otros hombres, aunque también por mujeres. Se concluye que los roles de género
tradicionales tienen un impacto negativo en los hombres, exponiéndolos a situaciones de discriminación y
violencia.
Palabras clave: Discriminación, estereotipos, género, hombres, roles de género, violencia
Men in the Mirror of Gender: Perceptions of Discrimination,
Benefits, Violence, and Adherence to Stereotypes
Abstract
The concept of gender encompasses both femininity and masculinity; however, it is often exclusively associated
with women, a perception influenced by social struggles and legal and academic approaches that overlook the issues
of discrimination and violence affecting men. The aim of this study is to examine men's perceptions and experiences
regarding discrimination, gender-based benefits, violence, and adherence to stereotypes. A total of 204 Ecuadorian
men, aged 18 to 69, participated in this exploratory and descriptive study. They completed a survey that included
both open and closed-ended questions, as well as a sociodemographic form. The results reveal that participants
perceive and experience gender-based discrimination and believe that both genders benefit from traditional roles.
The men surveyed show a high level of adherence to masculine stereotypes and report having experienced gender-
based violence, mainly perpetrated by other men, but also by women. The study concludes that traditional gender
roles have a negative impact on men, exposing them to situations of discrimination and violence.
Keywords: Discrimination, gender, gender roles, men, stereotypes, violence
Homens no espejo do gênero: percepções sobre
discriminação, benefícios, violência e adesão a estereótipos
Resumo
O conceito de gênero separa tanto o feminino quanto o masculino, sem embargo, ele se associa exclusivamente às
mulheres, uma percepção influenciada pelas lutas sociais e pelas abordagens jurídicas e acadêmicas que
invisibilizam os problemas de discriminação e violência que afetam os homens. O objetivo deste estudo é examinar
a percepção e a experiência dos homens em relação à discriminação, os benefícios associados aos gêneros, a
Veritas & Research
ISSN 2697-3375
Vol. 7| N° 2| 2025
Edita:
Departamento de
Investigación,
Vinculación e
Innovación. Pontificia
Universidad Católica del
Ecuador Sede Ambato.
Ambato - Ecuador
Recibido: 27/09/2024
Aceptado: 01/04/2025
Publicado: 31/07/2025
Citar como:
Merlyn, M-F, Díaz-
Mosquera, E. & Merlyn-
Sacoto, S. (2025).
Hombres en el espejo del
género: percepciones
sobre discriminación,
beneficios, violencia y
adhesión a estereotipos.
Veritas & Research, 7(2),
221-235.
https://doi.org/10.63957/7
225.221235
Licencia:
Creative Commons
Atribución-No
Comercial-Sin Derivadas
4.0 Internacional (CC
BY-NC-ND 4.0)
Sección: Salud y Psicología
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violência e a adesão a estereótipos. Participaram neste estúdio exploratório e descritivo 204 homens equatorianos
de 18 a 69 anos, que completaram uma consulta com perguntas abertas e cerradas, além de uma ficha
sociodemográfica. Os resultados revelaram que os participantes perceberam e experimentaram discriminação por
gênero e consideraram que ambos os gêneros se beneficiam dos papéis tradicionais. Os homens encuestados sofrem
uma alta adesão a estereótipos masculinos e relatam ter sofrido violência de gênero, principalmente perpetrada por
outros homens, mesmo que também por mulheres. Conclui-se que os papéis do gênero tradicional têm um impacto
negativo sobre os homens, expondo-os a situações de discriminação e violência.
Palavras-chave: Discriminação, estereótipos, gênero, homens, papéis de gênero, violência
Introducción
El género es una noción que deriva de una
categorización sexual binaria: a los cuerpos con vulva
se les asigna la categoría de hembra/mujer, mientras
que a los cuerpos con pene y testículos se los clasifica
como macho/hombre. A partir de estas categorías
biológicas surge el concepto de género, organizado,
igualmente, de manera binaria en femenino y
masculino. Según mez (2014), el género es una
construcción cultural que implica atribuciones
simbólicas y normativas asociadas a cada sexo. Para
este autor, cada sociedad define las características y
comportamientos sobre lo que significa ser mujer o ser
hombre dentro de su propio contexto, los cuales son
observados por quienes integran aquella cultura. En
sociedades tradicionales, estas atribuciones suelen ser
rígidas, opuestas, excluyentes y estereotipadas. La idea
de que los sexos son diferentes en términos físicos
cuerpo masculino fuerte y cuerpo femenino débil
conlleva a la atribución de características psíquicas e
intelectuales, que han teñido varias áreas psicológicas
de teorías y evaluaciones para sustentarla. Así, se ha
asociado a la masculinidad con rasgos como el “ser
proveedor, racional, dominante, poderoso y poco
emocional, excepto para expresar el enfado de manera
agresiva [y lo femenino a] la ignorancia (…), sumisión,
domesticidad, (…) y pureza” (López-Saéz & García-
Dauder, 2020, pp. 6-7). Además, la percepción de
diferencias innatas entre los sexos ha llevado a
estereotipar socialmente, según el género,
comportamientos, vestimenta, actividades, profesiones,
espacios y colores (Bori, 2019; Carvalho et al., 2024;
Halim et al., 2018; Hill et al., 2020; Mastari et al., 2021;
Matheus & Quinn, 2017; Xue et al., 2024).
Si bien el género abarca la feminidad y la masculinidad,
en el imaginario colectivo frecuentemente se asocia
solo con lo femenino. Aquello se debe, especialmente,
a que las demandas y luchas de género se han centrado
en las mujeres como respuesta a la histórica
desigualdad que han enfrentado (Bidegain, 2016). Las
mujeres tardaron en acceder a la educación, la vida
política y al reconocimiento de condiciones justas en el
ámbito laboral, así como en conquistar espacios
profesionales tradicionalmente masculinos (Dillon-
Pérez & Espinosa-Fuentes, 2018; Linthon-Delgado &
Méndez-Heras, 2022; Ramírez et al., 2019; Sánchez et
al., 2021; Solís-Beltrán et al., 2018; Zhiminaicela-
Cabrera et al., 2022). En la última década, las
reivindicaciones feministas se han enfocado
particularmente en la violencia, subrayando que
muchas de las agresiones son motivadas por el género.
Movimientos como el #Yotambién o #Metoo
(Chaparro, 2021) o el “#Ni una menos” (Acosta, 2018;
Annunziata et al., 2016) validan el testimonio femenino
en contextos de abuso sexual.
Aunque todo esto es legítimo y, a pesar de que la lucha
feminista busca promover la igualdad de ambos
géneros, la percepción social a menudo apunta a un
combate contra de los hombres. Es posible que la
focalización en el género femenino haya generado un
desbalance frente al masculino, como se analiza a
continuación en la legislación ecuatoriana en materia de
protección contra la violencia de género (e.g., Código
Orgánico Integral Penal [COIP], Asamblea Nacional
del Ecuador, 2014) y como se observa también en las
investigaciones relativas a esta problemática.
En primera instancia, la Constitución de la República
del Ecuador (Asamblea Constituyente del Ecuador,
2008), Art. 66, inciso 3.b, reconoce y garantiza el
derecho de las personas a una vida libre de violencia en
los ámbitos público y privado. Por su parte, el artículo
Art. 155 del COIP (Asamblea Nacional del Ecuador,
2014) define a la violencia como el maltrato físico,
psicológico o sexual “ejecutado por un miembro de la
familia en contra de la mujer o demás integrantes del
cleo familiar” (p. 59), es decir, el cónyuge, la pareja
o conviviente, ascendientes, descendientes,
hermanas/os, parientes hasta el segundo grado de
afinidad y personas con las que se determine que el
procesado/a ha mantenido nculos familiares,
cercanos o íntimos (Asamblea Nacional del Ecuador,
2014, p. 60). Asimismo, la Ley Orgánica Integral para
Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres
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(Asamblea Nacional del Ecuador, 2018) se refiere a la
violencia de género, como “cualquier acción o
conducta basada en su género que cause o no, muerte,
daño y/o sufrimiento físico, sexual, psicológico,
económico o patrimonial, gineco-obstétrico a las
mujeres, tanto en el ámbito público como privado” (p.
9).
El análisis de este marco legal lleva a varias
reflexiones. Si bien la Constitución del Ecuador
(Asamblea Nacional Constituyente, 2008) menciona
que la vida libre de violencia es un derecho de todas las
personas en general y en cualquier ámbito, en el COIP
(Asamblea Nacional del Ecuador, 2014) se habla de la
mujer, particularizándola, y circunscribiendo la
violencia únicamente a la familia, es decir, al ámbito
privado, sin considerar otros escenarios. Esto genera
una percepción de un estatus diferente para la mujer,
mientras que el hombre, como potencial víctima, queda
invisibilizado al colocarlo en el cajón del grupo
familiar, lo que permite deducir que el asunto del
género en su globalidad (masculino y femenino) y su
relación con la violencia, no es realmente tomado en
cuenta en tal normativa.
La única legislación específica para el tema de
violencia de género en Ecuador es la Ley Orgánica
Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra
las Mujeres (Asamblea Nacional del Ecuador, 2018),
cuyo nombre está claramente direccionado a una sola
parte del género, el femenino, excluyendo la
posibilidad de que los hombres tambn puedan ser
ctimas (pese a que, en el cuerpo del texto, se habla
genéricamente del amparo a los “demás miembros
integrantes del núcleo familiar”). Adicionalmente, los
artículos 51, 55, 56 y 57 de esta ley disponen medidas
cautelares a favor de las mujeres, como la boleta de
auxilio, que pueden solicitarse ante autoridades
administrativas sin necesidad de abogacía. Estas
medidas, de aplicación inmediata son, posteriormente,
notificadas a la autoridad judicial para su ratificación,
modificación o revocación y se inscriben en el
Registro Único de Violencia contra las Mujeres,
donde también se documentan los detalles de la
agresión, la víctima y el agresor. Esta ley no prevé
situaciones similares para las víctimas masculinas, por
lo que, en casos de violencia de género contra
hombres, se debe recurrir a la justicia penal, con la
intervención de abogados y audiencias. Ades, no
existe un registro equivalente para las agresiones de
nero hacia los hombres. A fin de cuentas, el marco
legal fragmenta la problemática de género: aunque no
excluye explícitamente a los hombres, los invisibiliza
al enfocarse únicamente en las experiencias femeninas.
Algunos análisis de las normativas en el tema llegan a
conclusiones similares (Ayol-Gusñay & Mosquera-
Endara, 2022; Hurtado et al., 2024).
Por lo expuesto, el presente estudio pone frente al
espejo de la noción de género a los hombres. El objetivo
consistió en analizar en hombres ecuatorianos (1) las
percepciones y vivencias de discriminación, (2) las
percepciones de desigualdad de género, (3) las
situaciones de violencia y (4) la adhesión a estereotipos
masculinos y femeninos. Para lograrlo, se llevó a cabo
un estudio transversal, exploratorio y descriptivo en el
que participaron 204 hombres entre 18-69 años a
quienes se les aplicó una encuesta sobre la temática. A
continuación, se presenta el estado del arte y la práctica,
la metodología, los resultados y conclusiones del
estudio.
Estado del arte y la práctica
El ámbito investigativo también invisibiliza las
problemáticas de discriminación y violencia
relacionadas con el género masculino. Se encuentran
pocos estudios que abordan el tema directamente, pues
los hombres víctimas son mencionados, por lo general,
en el contexto de estudios de violencia de pareja,
intrafamiliar y doméstica (Ayol-Gusñay & Mosquera-
Endara, 2022; Barros et al., 2019; Buitrago, 2016; Díaz
et al., 2023; Fernández de Juan & Florez, 2018; Floyd-
Aristizábal et al., 2016; González & Fernández de Juan,
2014; Guzmán-Pimentel & Rojas-Solís, 2022; Hurtado
et al., 2024; Rojas-Andrade et al., 2013; Rojas-Solís et
al., 2019; Veliz, 2023). Esta visualización de la
violencia y discriminación hacia el género masculino
mayoritariamente en el contexto relacional excluye
otros ámbitos, por ejemplo, el social (sexismo cultural
y prácticas sociales e institucionales) y el legal,
particularmente en casos donde se apela a causas
consideradas femeninas, como la custodia o el abuso
sexual. También, se omite la discriminación y violencia
ejercida tanto por mujeres como por otros hombres
hacia aquellos que no se ajustan a los roles tradicionales
de género en varios contextos, como el escolar, el
laboral o el espacio público y que, a menudo, quedan
encubiertos bajo términos como bullying, peleas o
agresiones. Son escasos los estudios que abordan la
problemática desde las experiencias masculinas
(Holter, 2013; Manzi, 2019).
No obstante, la violencia hacia los hombres es
innegable. En el Ecuador, una investigación realizada
con los expedientes de la Fiscalía General del Estado
del período 2016-2017 encontró 442 casos de hombres
agredidos, codificados como violencia intrafamiliar
(Barros et al., 2019). Asimismo, en el boletín
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estadístico emitido por la Defensoría Pública del
Ecuador en 2023 constan 1.309 denuncias masculinas
por violencia de género, que constituyen el 24,51% del
total de denuncias realizadas en esta instancia, además
de 21.666 patrocinios para hombres víctimas de
violencia de género. Por último, el boletín señala un
incremento de denuncias de 73,84% entre 2022 y 2023.
Hablar de temas como la discriminación y la violencia
desde una perspectiva de género significa abordarlos
desde un enfoque que analiza las relaciones de poder
entre los géneros y la manera en que las normas
sociales, roles y expectativas influyen en la vida de las
personas, independientemente de su identificación
como mujeres u hombres. Estudios previos sugieren
que, bajo ciertas circunstancias, los hombres también
pueden ser objeto de un trato negativo debido al grupo
de género al que pertenecen” (Manzi, 2019, p. 3).
Se entiende por discriminación de género cualquier
comportamiento o acción que resulte en un trato
desfavorable hacia una persona debido a su sexo o
género (Heilman & Manzi, 2016). Según Manzi (2019),
dos circunstancias generan esta situación. En primer
lugar, la discrepancia existente entre los requisitos
percibidos para un puesto social y los estereotipos
descriptivos atribuidos a cada género (cómo son las
mujeres y los hombres), por ejemplo, la discrepancia
que existe entre el cuidado de los hijos y el rol
masculino, o la profesión de ingeniería y ser mujer. En
segunda instancia, también existe discriminación de
género cuando se sanciona a una persona que viola los
estereotipos prescritos para mujeres y hombres, por
ejemplo, cuando un hombre deja de ser proveedor o
cuando una mujer es hipersexual. A ello se vincula el
tema de beneficios percibidos, como es el caso de
personas que se aprovechan voluntariamente o no de
alguna condición o reciben algo inmerecidamente,
automáticamente aquellos que no obtienen aquel
beneficio se sienten discriminados. Finalmente, la
imposición de conductas, actitudes y roles por parte de
los diferentes actores sociales también constituye un
terreno para que ocurran situaciones de discriminación
y violencia.
Metodología
El presente estudio tuvo un enfoque mixto, de carácter
exploratorio y descriptivo y de corte transversal (Yuni
& Urbano, 2020).
Participantes
Los participantes fueron seleccionados mediante un
muestreo no probabilístico por conveniencia. Los
criterios de inclusión fueron: participación voluntaria,
sexo biológico masculino, entre 18 y 70 años, firma del
consentimiento informado. La información fue
recolectada en un lapso de 5 meses.
Participaron 204 hombres en el rango de 18-69 años
(μ=32.58; DE = 12.86). De ellos, la mayoría eran
solteros (60%) o casados (26%); heterosexuales
(91.7%); residentes en la región sierra (87.7%); de
identificación étnica mestiza (88.2%); de
ocupación/profesión: estudiantes (38.2%), ingenieros
(10.8%), psicólogos (8.8%); en cuanto a la religión:
católicos (47.1%), con creencias fuera de las religiosas
(19.1%), ateos (15.7%).
Instrumentos
Ficha de datos sociodemográficos. Se elaboró una
ficha ad hoc para recabar la información
sociodemográfica de los participantes.
Encuesta de percepción de discriminación y violencia
hacia los hombres. Se diseñó una encuesta con seis
preguntas cerradas sobre los siguientes temas: (1)
percepción de discriminación hacia los hombres y
vivencias particulares del sujeto encuestado; (2)
percepción de beneficios por pertenencia al género en
mujeres y hombres; (3) situaciones de violencia. Cada
tema fue abordado con dos preguntas, las cuales
estuvieron acompañadas de una pregunta abierta para
que el participante explique sus respuestas.
Adicionalmente, se aplicaron dos preguntas sobre la
adhesión a características estereotipadas masculinas y
femeninas, proporcionando un listado, en función de lo
propuesto por Cabral y García (2000). La encuesta fue
sometida a un proceso de validación por tres jueces
expertos, antes de su aplicación.
Procedimiento
El cuestionario, elaborado en Google Drive, fue
difundido por correo electrónico y redes sociales.
Contenía una explicación sobre el tema de los roles
estereotipados de género y la manera en que afectan en
situaciones cotidianas a ambos géneros, así como
información sobre: duración del cuestionario,
confidencialidad de los datos, participación voluntaria,
derecho a retirarse y posibilidad de acceso a los
resultados del estudio, para finalizar solicitando la
participación, previa la suscripción de un
consentimiento informado. La información fue
procesada en el software SPSS versión 28; para las
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preguntas abiertas se generaron matrices con las
respuestas y codificaciones por categorías.
Resultados
Percepción de discriminación/Vivencias de
discriminación
En este tema, 73,5% de los participantes considera que
los hombres son discriminados en algún aspecto por el
hecho de ser hombres; 178 de ellos lo explican en la
pregunta abierta. Así, 123 respuestas se refieren a la
percepción de discriminación relacionada con la
exigencia de responder a roles tradicionales de género
especialmente en el área emocional, exigencia
proveniente tanto de otros hombres como de mujeres;
43 respuestas se relacionan con discriminación social
en varios ámbitos y 12 respuestas, con el ámbito
judicial/legal.
Adicionalmente, 57,8% reporta haber sido víctima de
algún tipo de discriminación; de ellos, 120 detallan las
situaciones en las que sucedió. En 24 respuestas se
mencionan segregaciones relacionadas con roles de
género, que se presentan especialmente cuando las
actitudes adoptadas constituyen una amenaza para los
roles tradicionales; 31 respuestas se refieren al ámbito
social, mediante testimonios sobre prácticas o políticas
preferenciales hacia las mujeres; 5 respuestas
corresponden a lo judicial/legal, con asuntos
relacionados con derechos parentales (Tabla 1).
Tabla 1
Percepción y vivencias de discriminación hacia los hombres
Tema
Subtema
Descripción: Discriminación se da a través de:
Percepción de
discriminación
Vivencias de
discriminación
Roles de
género
Emocional
Exigencia de fortaleza aparente y ocultamiento de
sentimientos.
42
17
Actitudes
Exigencia de comportamientos masculinos: violencia,
consumo de alcohol, vestimenta masculina, gusto por
el fútbol.
19
24
Actividades
Exclusión de actividades femeninas como las del
hogar; exigencia de realizar actividades que requieren
fuerza física.
16
4
Físico
Exigencia de ser atractivos dentro del estándar
masculino: altos, delgados, voz gruesa; no mostrarse
femeninos (ej. pintarse el cabello).
14
6
Financiero
Exigencia de cumplir con el rol de proveedor.
12
4
Crianza/cuidado
Minimización de su capacidad y participación.
8
3
Sexualidad
Exigencia de demostraciones de heterosexualidad,
conducta hipersexual; presencia de homofobia.
8
7
Profesiones
Exclusión y minimización al tener una profesión
femenina.
4
4
Social
Prácticas/políticas
preferenciales
Acceso restringido a trabajos por afirmación positiva o
por apariencias, favoritismo hacia mujeres
(promociones especiales, trato preferencial).
17
31
Acusaciones
generalizantes
Expresiones de generalización: todos son machistas,
violentos, labiosos, etc.
9
3
No reconocimiento de
la violencia de género
Incredulidad en situaciones que son víctimas.
4
1
Libertad de expresión
Favorecer la expresión femenina en algunos espacios.
3
6
No especifica
10
1
Judicial/
Legal
Derechos parentales
En el divorcio (tenencia, custodia).
8
5
Sexuales
Se creen siempre las acusaciones femeninas en estos
temas.
2
2
No reconocimiento de
la violencia de género
Incredulidad en situaciones que son víctimas.
1
1
No especifica
1
1
TOTAL
178
120
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Percepción de desigualdad de género
El 75% de los encuestados considera que las mujeres se
benefician de su género y 62,7% cree que los hombres
obtienen ventajas por ser hombres.
Percepción de beneficios por pertenecer al género
femenino (158 respuestas)
Como se aprecia en la Tabla 2, los participantes
perciben que las mujeres gozan de privilegios por su
género (56 respuestas); aquello sucede especialmente
en el ámbito laboral/académico, donde consideran que
se les otorga un trato preferencial, ocasionalmente por
su apariencia o porque tienen mejores oportunidades de
empleo (discriminación positiva). Existe una
percepción de que ellas obtienen ventajas en
situaciones sociales (favoritismo) pues, el ser vistas
como reinas o personas débiles, les beneficia en
contextos como el transporte público, gratuidad en
ciertos eventos, atención médica y situaciones que
requieren cuidado especial, incluso debido a su
condición reproductiva.
En segunda instancia, los participantes consideran que
las mujeres utilizan deliberadamente su condición de
género (41 respuestas), para mostrarse vulnerables o
menos capaces de realizar ciertas tareas físicas, lo cual
genera una desigualdad en la distribución de
responsabilidades. Se menciona que algunas de ellas se
valen de su atractivo o del hecho de ser mujeres para
obtener ventajas o favores. Además, se señalan casos
de abuso monetario pues, aprovechando de su
condición, hacen recaer sobre los hombres todos los
asuntos financieros.
En tercer lugar, se menciona que existe un sesgo a favor
de la mujer en temas de género (25 respuestas). Aquello
da lugar a una mayor atención de la violencia hacia
ellas, mientras que la violencia de las mujeres hacia los
hombres se invisibiliza, llegando, incluso, a la
impunidad. Además, los participantes piensan que,
amparadas en este sesgo, las mujeres se victimizan
deliberadamente en algunas situaciones, mientras que a
los hombres se les ha mermado la libertad de expresión.
Los encuestados también perciben la existencia de
ventajas legales (21 respuestas), la mayoría
relacionadas con los derechos parentales: según ellos,
en separaciones o divorcios, las mujeres obtienen
preferencialmente la custodia y la toma de decisiones
sobre los hijos, así como más derechos en temas de
manutención. Adicionalmente, se considera que el
sistema judicial, en general, tiende a beneficiarlas,
otorgándoles garantías o sentencias más laxas y
favorables. Finalmente, algunos participantes hablan
francamente de manipulación femenina (15
respuestas), principalmente vinculada a falsas
acusaciones para obtener beneficios o venganza y
usando tácticas emocionales en las relaciones de pareja
(llorar, por ejemplo).
Percepción de beneficios por pertenecer al género
masculino (132 respuestas)
En la Tabla 2 se observa que la categoría que engloba
la mayoría de las respuestas es la laboral (73
respuestas). Los encuestados perciben que ser hombres
les aventaja en el acceso a más y mejores trabajos y en
los salarios que perciben. Además, vinculan la
pertenencia a su género con la capacidad de ocupar
puestos de mando y liderazgo.
Asimismo, se percatan que tienen beneficios sociales
en varios aspectos (39 respuestas), pues reconocen que
sus opiniones son socialmente más valoradas, además
de disfrutar de mayor libertad. Son conscientes de que
pueden asumir menos responsabilidades familiares y
disfrutar de mayor impunidad social al realizar
conductas reprochables.
En cuanto a la violencia (20 respuestas), notan que para
ellos es más fácil ejercer violencia física que para las
mujeres y que son menos vulnerables a sufrir episodios
de violencia y acoso en espacios públicos y laborales.
Situaciones de violencia
Los participantes declaran haber vivido algún episodio
de violencia en un 44,1% con perpetradoras mujeres y
en un 61,3% con perpetradores varones. En la Tabla 3
se muestra la clasificación de las respuestas abiertas.
Respecto a la violencia ejercida por mujeres, se reporta
principalmente violencia física en relaciones de pareja
y en ámbitos escolares, seguida de violencia
psicológica (burlas y humillaciones), siendo el contexto
relacional el más prevalente. Se pudo identificar
también casos de violencia de género hacia los hombres
por no responder al rol de ‘varón’, como reclamos por
no proveer (“la subvaloración por no mantener
económicamente el hogar por motivos de desempleo”),
comentarios por tener actitudes diferentes (“cuando era
adolescente en una exposición en grupo, yo me acerqué
a la profesora a darle el nombre de los integrantes. En
ese momento ella me dijo 'no se ve muy bien que los
chicos actúen así, tan delicados, eso se ve feo'”),
humillaciones relacionadas al género (“a mi prima
también le gustaba humillarme y se vanagloriaba
diciéndome: '¿qué pasó? ¿no que eres hombre?'”). Los
participantes reportan también algunos casos de
violencia vicaria.
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Tabla 2
Beneficios de pertenencia a los géneros percibidos por hombres
Subtema
Descripción
Número de
respuestas
Beneficios
de género
obtenidos
por mujeres
Ámbito laboral/ académico
Mayor acceso a empleos o promociones
(discriminación positiva); favoritismo en entornos
educativos.
23
Discriminación/
preferencias en el ámbito
público
Atención más rápida y mejor, se les cede los
asientos, tienen entrada gratis en algunos lugares.
17
Acceso a beneficios
sociales/económicos
Préstamos, dinero obtenido por percepción de
vulnerabilidad.
11
Desigualdades en el
cuidado/ atención
Atención prioritaria en algunas entidades
(hospitales), favorecidas por condiciones como las
hormonales y la gestación.
5
Evasión de actividades/
responsabilidades
Recurren a estereotipos de género como la debilidad
para evadir actividades.
15
Atractivo físico
Se valen del atractivo físico para obtener cosas.
10
Financiero
Hacen recaer la responsabilidad financiera sobre el
hombre.
9
Social
En circunstancias sociales, si les beneficia, se valen
de su situación de mujer.
4
No especifica
3
Impunidad y tolerancia en
violencia hacia el hombre
Pueden agredir a los hombres sin que esto se vea
mal.
12
Victimización
Usan el rol de víctimas, aunque no sea cierto.
7
Limitaciones en libertad de
expresión/comportamiento
Los hombres perciben que no pueden decir ni hacer
nada sin ser juzgados como maltratadores.
6
Familia
Obtienen más fácilmente la custodia de los hijos, se
benefician con manutención.
9
Otros ámbitos
Las leyes favorecen con más derechos a las mujeres
y más castigos a los hombres.
12
Denuncias falsas
Recurren a denuncias falsas si necesitan obtener
otras cosas.
8
Emocional/relacional
Usan las lágrimas, exigen apoyo sin ser recíprocas,
se embarazan, manipulan en lo relacional y sexual.
7
TOTAL
158
Beneficios
de género
obtenidos
por hombres
Oportunidades laborales
Tienen acceso a más y mejores trabajos.
33
Remuneración salarial
El salario que perciben es más elevado.
20
Poder y liderazgo
Se los considera más aptos para puestos de
responsabilidad y directivos.
16
No especifica
4
Mayor valía
Se considera que tienen mejores capacidades que las
mujeres: mayor inteligencia, menor conflictividad,
opiniones más sustentadas.
13
Libertad personal/ social
Mayor libertad en la sociedad (para salir, usar su
dinero, vestimenta).
11
Inmunidad social
Son menos juzgados o criticados por ciertos
comportamientos (abandono de hogar, infidelidad,
lenguaje).
8
Roles Familiares
Beneficios en el contexto familiar en roles
tradicionales (menor responsabilidad en el hogar o la
crianza).
7
Imposición de la fuerza y
violencia
Abuso de fuerza física para imponerse en
situaciones sociales y frente a la mujer.
10
Menor vulnerabilidad
Menor riesgo de sufrir acoso o violencia en la calle y
en el trabajo.
10
TOTAL
132
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En cuanto a la violencia ejercida por otros hombres, la
más prevalente es la violencia psicológica,
principalmente de tipo verbal, pero también con
conductas de represión, intimidación y hostilidad (“la
mayoría de las veces por la parte de hombres más
grandes que tratan de imponer sus criterios sin
argumentos lógicos ni coherentes”). La violencia física
presenta un caso particular. Se creó una categoría
específica con 17 respuestas que mencionan
exclusivamente este tipo de violencia. Sin embargo,
tanto el bullying (7 respuestas) como las peleas (21
respuestas) combinan agresión física con insultos,
ofensas, humillaciones y gritos. De hecho, las peleas,
mayoritariamente en contextos escolares y sociales, son
lo más reportado por los participantes.
Los testimonios de violencia de género, entendida
como violencia por no ajustarse a roles tradicionales,
son más frecuentes entre hombres (20 respuestas). Gran
parte de esta violencia se da por adoptar conductas
percibidas como femeninas. En palabras de un
participante: “No podría detallar con exactitud. Han
sido muchas cosas, desde sentir discriminación en la
escuela por tener un mejor amigo y que te pasen
llamando ‘maricón’ o que te digan ‘marido y mujer’ (mi
escuela en su tiempo era solo de chicos). Que no haya
tenido novia pronto también era motivo de burla por
compañeros hombres. Que me digan ‘eres mujercita’
porque no me gustaba pelear”. Otro testimonio
menciona que: “A lo largo de toda mi vida he sido
constantemente acosado por mi peso; mis pares me
hacían saber que no era lo suficientemente hombre por
eso, por ser pequeño y emocional; últimamente escucho
muchos comentarios de desconocidos que intentan
llegarme por la forma en cómo luzco (cabello largo,
uñas pintadas, blusas o sacos de mujer)”.
Es importante destacar que la violencia sexual entre
hombres (7 respuestas) supera la ejercida por mujeres
(4 respuestas), incluyendo un caso de violación.
Además, los hombres son más frecuentemente víctimas
de otros hombres en situaciones violentas generales,
como asaltos y peleas entre conductores.
Tabla 3
Violencia perpetrada por mujeres y hombres hacia hombres
Tipo
Descripción
Perpetradoras
mujeres
Perpetradores
hombres
Violencia física
Golpes, agresiones, lanzar objetos. En el caso de las
mujeres, se reporta, adicionalmente, cachetadas y jalones
de cabello.
35
17
Bullying
Combinación de agresión física y verbal reportada en el
contexto escolar.
0
7
Peleas
Combinación de agresión física y verbal reportada en
varios contextos sociales.
0
21
Violencia
psicológica
En el caso de las mujeres: insultos, ofensas,
humillaciones, intimidación. En el de los hombres,
adicionalmente: intimidación, burlas y represión.
34
24
Violencia de
género
Por no ajustarse al rol de género tradicional. En las
mujeres, por no proveer o comportarse como un hombre;
en los hombres, por adoptar actitudes o actividades
consideradas femeninas, su físico o la homofobia.
9
20
Violencia sexual
En el caso de las mujeres: tocamientos, sexo sin
consentimiento, acoso sexual. En el de los hombres:
acoso, abuso y violación.
4
7
Violencia vicaria
No dejar ver a los hijos, manipulación.
2
0
Actos delictivos
Asalto, robo.
1
10
Acoso Laboral
Mobbing.
1
0
Agresión al
volante
Conflictos, choques, insultos.
0
3
TOTAL
86
109
Adhesión a estereotipos masculinos y femeninos
Se presentó a los participantes un listado de 11
características consideradas masculinas y 11
femeninas. Debían indicar en qué medida las
masculinas los describían y las femeninas eran
atribuibles a las mujeres, usando una escala Likert de 5
puntos: 0 (nada), 1 (casi nada), 2 (poco), 3 (bastante) y
4 (mucho). Los resultados (Tabla 4) indican que los
participantes presentan puntajes medios más altos en
adhesión a estereotipos masculinos que femeninos. De
Hombres en el espejo del género
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las 11 características masculinas propuestas, nueve
tienen puntajes cercanos o superiores a 3 (bastante),
mientras que las dos rechazadas son agresividad y
trabajo fuera del hogar. En contraste, los participantes
solo se adhieren a dos estereotipos femeninos (puntajes
cercanos o superiores a 3): ternura y colaboración.
Tabla 4
Adhesión a estereotipos sobre masculinidad y feminidad
Acuerdo con estereotipos masculinidad
Acuerdo con estereotipos feminidad
El hombre es…
M
DE
La mujer es…
M
DE
Fuerte
2.85
0.859
Débil
1.30
1.167
Inteligente, lógico, racional
3.42
0.816
Irracional. emocional.
intuitiva
2.17
1.196
Activo, dominante, asertivo
2.65
0.974
Pasiva. sumisa
1.44
1.135
Rudo, agresivo
1.50
0.991
Tierna. delicada
2.62
1.107
Productivo
3.15
0.853
Reproductiva (maternidad)
2.35
1.393
Independiente
3.18
0.926
Dependiente
1.62
1.307
Decidido
3.06
1.008
Indecisa
1.62
1.260
Seguro, estable
2.98
0.985
Insegura. inestable
1.39
1.204
Competitivo
2.87
1.060
Colaboradora
3.00
1.192
Persistente
3.13
0.940
Inconstante
1.23
1.148
Trabajo en la esfera pública (fuera de
casa)
2.33
1.440
Trabajo doméstico
1.71
1.271
Discusión y Conclusiones
El objetivo de la presente investigación consistió en
analizar, en hombres ecuatorianos, las percepciones y
vivencias de discriminación, las percepciones de
desigualdad de género, la vivencia de situaciones de
violencia y la adhesión a estereotipos masculinos y
femeninos.
En referencia a la discriminación percibida y
experimentada la mayoría de las respuestas de los
participantes están vinculadas a la transgresión de roles
estereotipados de género, lo cual concuerda con la
discriminación basada en el género, señalada por Manzi
(2019). Los participantes informaron haber
experimentado presiones, por parte de mujeres y
hombres, para cumplir con expectativas como mostrar
fortaleza emocional, realizar actividades y adoptar
conductas consideradas masculinas, ajustarse a los
estándares de atractivo masculino, asumir el rol de
proveedores, excluirse de la crianza y cuidado, ser
hipersexuales y heterosexuales, desempeñar
ocupaciones acordes con su género. Estas
características son parte del modelo tradicional de
masculinidad, que se articula en torno a siete
expectativas o pilares temáticos, denominados por
Heilman et al. (2017) "la caja de la masculinidad":
autosuficiencia física y emocional, fortaleza, atractivo
físico, roles rígidos en la división del trabajo doméstico
y cuidado infantil, heterosexualidad y homofobia,
hipersexualidad, y agresión y control.
La presión social para que los hombres se adhieran a
estos estándares se evidencia en un estudio ecuatoriano,
en el que dicha presión fue reportada por el 76% de los
participantes (Merlyn-Sacoto et al., 2024). Cumplir con
ello tiene altos costos en diversos niveles: bienestar
mental (Walther et al., 2023), relaciones e interacciones
sociales (Krivoshchekov et al., 2023; Merlyn-Sacoto et
al., 2024), salud (McGraw et al., 2021), dinámicas
sociales y de género (Iacoviello et al., 2021; Rivera &
Scholar, 2020; Zubiri-Esnaola et al., 2021). Sin
embargo, la transgresión a estos estándares también
tiene costo: quienes no se ajustan a la caja reportan
menor satisfacción vital y mayores indicadores de
depresión, en comparación con aquellos que se
adhieren a los modelos tradicionales de masculinidad
(Merlyn-Sacoto et al., 2024), debido a experiencias de
exclusión y discriminación al adoptar visiones no
tradicionales.
El área social es un segundo ámbito en el que se percibe
y experimenta discriminación. Las respuestas de los
participantes reflejan una percepción negativa de los
logros alcanzados en materia de equidad de género,
principalmente en lo laboral y social y en relación a la
violencia. La reivindicación de los derechos de las
mujeres ha impulsado la implementación de prácticas
para corregir desigualdades estructurales, como las
políticas de discriminación positiva en el sector laboral.
Sin embargo, estos cambios no fueron gestionados
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apropiadamente, pues generaron resistencia en los
hombres y fueron percibidos como discriminación
negativa hacia ellos, según es reportado en otros
estudios (Leonard, 2015; Selden et al., 2017). Los
resultados muestran que, aunque los hombres perciben
una pérdida de oportunidades laborales por género,
reconocen que aún disfrutan de ventajas en empleo,
salarios y acceso a poder y liderazgo. También,
perciben negativamente a las luchas de género por el
establecimiento de leyes, pues consideran que les han
generado una restricción en libertad de expresión;
como consecuencia, se ha transparentado el machismo
y la violencia hacia las mujeres. Estas percepciones se
deben a una falta de comprensión tanto de los
problemas sistémicos que las normativas buscan
abordar, como de los factores culturales e
institucionales que perpetúan las inequidades de
género, como lo indican estudios sobre el tema (Nelson
et al., 2024; Serrano, 2023). Los participantes también
tildaron de discriminatorias ciertas prácticas sociales,
como promociones exclusivas para mujeres, entradas
gratuitas o ceder el asiento. Estas prácticas,
aparentemente beneficiosas para las mujeres, forman
parte del sexismo benevolente, pues refuerzan
estereotipos de género y perpetúan dinámicas de
desigualdad (Hammond et al., 2014).
Finalmente, los participantes perciben discriminación
en el ámbito legal, especialmente en derechos
parentales, donde consideran tener desventajas debido
al estereotipo de que las mujeres poseen una mayor
capacidad para cuidar a los hijos. Este sesgo fue
documentado en el estudio de Miller (2019), quien
evidenció que los jueces tendían a fallar en favor de las
madres, independientemente de su idoneidad. Además,
los participantes señalan discriminación en temas de
violencia, al considerar que se otorga credibilidad a las
declaraciones de las mujeres, aunque algunas de ellas
presentan denuncias falsas. En Ecuador, la creación de
leyes específicas de protección a la mujer ha sido una
respuesta a las alarmantes estadísticas de violencia de
género (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos
[INEC], 2019), que corrige un sesgo estructural de
desestimación de denuncias realizadas por mujeres. No
obstante, se percibe un efecto rebote en la opinión
masculina, que dificulta discernir si los reclamos son
genuinos o si se trata de victimización social. Este
fenómeno se manifiesta también en la queja masculina
sobre la limitación en libertad de expresión. De hecho,
los hombres que se adhieren a las normas tradicionales
de masculinidad tienden a oponerse a los movimientos
feministas, percibiéndolos como una amenaza a su
estatus social (Rivera-Rodríguez et al., 2022). La
percepción de que el sistema judicial no los reconoce
como potenciales víctimas de violencia física y sexual
podría estar relacionada con los estereotipos
masculinos tradicionales prevalentes en la sociedad
ecuatoriana, que atribuyen a los hombres fuerza física
y poder sexual, sin reconocer que también pueden ser
objeto de coacción sexual, acoso o incluso relaciones
no consentidas o violaciones (Fisher y Pina, 2013).
Las percepciones sobre desigualdad de género giran
alrededor de la idea de beneficios para las mujeres,
especialmente en los ámbito laboral y legal. Los
participantes señalan que las mujeres apelan a
estereotipos tradicionales de género como la debilidad
física para evadir responsabilidades y la belleza para
obtener beneficios o eludir obligaciones financieras
asignándoselas al hombre; asimismo, consideran que
manipulan emocional o legalmente con llanto,
embarazo o denuncias falsas. Estas percepciones,
reportadas en el presente estudio, están sustentadas en
situaciones reales; de hecho, una amplia investigación
realizada con mujeres indica que los beneficios
asociados al sexismo benevolente desempeñan un papel
fundamental en la adopción y apoyo de actitudes
sexistas femeninas hacia sí mismas, las cuales
contribuyen significativamente a la perpetuación de
desigualdad de género (Hammond et al., 2014).
Los participantes reconocen ciertos privilegios
asociados a su rol de género en lo laboral, social y en
temas de violencia. En el ámbito social, perciben que el
género masculino se asocia con capacidades superiores,
mejor juicio y mayor libertad personal, reflejada en la
autonomía para salir, manejar dinero y elegir su
vestimenta. También, disfrutan de menor censura social
en casos de infidelidad, uso del lenguaje, abandono del
hogar y roles familiares, con menos expectativas en
tareas domésticas y crianza. En cuanto a la violencia,
reconocen beneficiarse a veces de su fuerza física en
interacciones sociales, lo cual es congruente con la
visión tradicional del hombre como un ser naturalmente
violento; además, son conscientes de su menor
vulnerabilidad al acoso o violencia en espacios
públicos o laborales.
En relación con las experiencias de violencia, destaca
que en la mayoría de los casos los perpetradores son
hombres, desde formas más directas de violencia, como
la física, el acoso escolar, las peleas, y la violencia
psicológica, de género y sexual, hasta actos fortuitos
como la delincuencia y agresión al volante. Resalta la
cantidad de participantes involucrados en situaciones
violentas, en las cuales la agresión física y psicológica
está presente de manera aislada o combinada, como en
el acoso escolar y las peleas. Este hallazgo, sin
Hombres en el espejo del género
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embargo, no es sorprendente, dado que la agresividad
se asocia comúnmente con la masculinidad (De
Keijzer, 2006; Giménez et al., 2014). También, se
encontraron numerosos testimonios vinculados a la
transgresión de normas de género, en los cuales
acciones, elecciones o actitudes que desafían la
masculinidad tradicional generan violencia. El
endogrupo, probablemente con la intención de
recuperar al individuo transgresor y mantener el
modelo normativo, actúa violentamente hacia él, como
ha sido observado en otros estudios (Manzi, 2019;
Merlyn, 2021).
No obstante, algunos participantes dieron testimonios
significativos de mujeres perpetradoras, especialmente
en casos de violencia física y psicológica, lo que
concuerda con estudios existentes (Ayol-Gusñay &
Mosquera-Endara, 2022; Barros et al., 2019; Buitrago,
2016; Fernández de Juan & Florez, 2018; Floyd-
Aristizábal et al., 2016; González & Fernández de Juan,
2014; Guzmán-Pimentel & Rojas-Solís, 2022; Hurtado
et al., 2024; Rojas-Andrade et al., 2013; Rojas-Solís et
al., 2019), aunque las estadísticas de denuncias en
Ecuador por estos casos siguen siendo bajas
(Defensoría Pública del Ecuador, 2023).
En lo relativo a la adhesión a estereotipos masculinos y
femeninos, lo encontrado en este estudio parece jugar
un papel crucial en lo anteriormente mencionado.
Probablemente, los hombres son poco conscientes de su
sobreidentificación con estos estereotipos, lo que les
impide reconocer las circunstancias de violencia
ejercida hacia ellos. Por ejemplo, al percibirse fuertes e
invulnerables, muchos minimizan situaciones de
agresión provenientes de mujeres; admitir que son
víctimas los pone del lado de la debilidad, la pasividad
y la sumisión, rasgos considerados femeninos, que
atentan contra su identidad masculina (Eckstein &
Cherry, 2015). Tampoco se ven como víctimas de
violencia sexual, pues, desde la visión masculina
tradicional, deben responder de manera positiva a las
aproximaciones sexuales “si son hombres de verdad”
(Heilman et al., 2017). En cualquier caso, los resultados
de este estudio indican que las cifras de abuso ejercido
por mujeres, tanto físico como psicológico, son
elevadas. Aunque no fue objeto de este trabajo, podría
considerarse que las mujeres perpetradoras también
están influenciadas por estereotipos femeninos, como
debilidad y vulnerabilidad o irracionalidad y
emocionalidad, lo que podría llevar a que ellas
minimicen sus actitudes violentas.
La división estereotipada entre lo masculino y lo
femenino genera beneficios y desventajas para ambos
géneros. La lucha por la igualdad de género es más
evidente en las mujeres, dado que los roles masculinos
son socialmente más valorados. Los hombres,
contrariamente, experimentan una pérdida de sus
espacios y roles tradicionales, sin aspirar a ocupar roles
femeninos, al considerarlos menos deseables (Manzi,
2019). Por otra parte, existe una dinámica en la que
tanto hombres como mujeres aprovechan los beneficios
de los roles tradicionales cuando les son favorables,
pero sienten frustración al perderlos si no reciben una
compensación adecuada. Concordante con la visión de
otros autores, se considera que, mientras no haya una
voluntad de abandonar los privilegios asignados al
género, no se lograrán cambios ni se conseguirá la
verdadera igualdad (Bard Wigdor, 2016; Szil,2019). Lo
más relevante de este estudio, sin embargo, es que los
resultados revelan que la rigidez de los roles de género
en la sociedad ecuatoriana impacta negativamente a los
hombres, colocándolos en situaciones donde también
son víctimas de discriminación y violencia de género.
Esto demuestra la necesidad de ampliar las
investigaciones en el tema, para aportar de manera
pertinente a la reflexión social y a las reformas legales.
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