
Sección: Psicología y Salud
Research, Vol. 7, N° 1, 2024, 29-40
ISSN 2697-3375
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0tros instrumentos que se emplearon para evaluar las
emociones morales fueron: la Subescala de manejo
restaurativo de la vergüenza del cuestionario de
adolescentes mexicanos (Valdés-Cuervo et al., 2018),
Escala de emociones relacionadas con la naturaleza
humana (Fousiani et al., 2019), Escala de Emociones
Morales (Suparli y Ramdhan, 2015), Subescala de
compasión a la disposición y GQ-6: Cuestionario de
disposición a la gratitud (Oriol et al., 2023).
Por otra parte, para evaluar el acoso escolar se
emplearon la Escala de elevación moral durante
situaciones de acoso escolar, la Escala de disgusto
moral durante situaciones de acoso escolar,
Cuestionario del proyecto europeo de intervención en
acoso escolar (Oriol et al., 2023), Escala multi ítem de
acoso escolar (Conway et al., 2016), Escala de
tendencia del agresor en acoso escolar virtual (Suparli
& Ramdhan, 2015), Subescala de la Escala de roles de
participación, Escala de acoso escolar fuera de línea,
Escala de acoso escolar en línea (Gutzwiller-
Helfenfinger y Perren, 2021) y la Escala de agresión
física y verbal (Carlo et al., 2010)
Víctimas, Agresores y Observadores: Prevalencia,
Edad, Género y Nivel Educativo
Conway y otros (2016), refieren como resultados de su
investigación, los siguientes: el 42% de los
participantes reportaron que fueron víctimas de acoso
escolar virtual en los últimos 2 meses; el 69% de los
adolescentes estuvieron expuestos a situaciones de
acoso escolar presencial; y existieron diferencias en la
autoatribución de emociones morales según la edad, los
participantes más jóvenes presentaban mayores índices
de emociones moralmente desconectadas cuando
asumían el rol de espectadores.
En varios artículos se analizó la edad y el género de las
víctimas, agresores y espectadores. En general, no se
encontraron diferencias significativas de género en la
mayoría de los estudios en relación con las emociones
morales, solamente en el estudio desarrollado en
Indonesia por Suparli y Ramdhani (2015), en el que se
muestra que los hombres tienden a participar más en
ciberacoso que las mujeres, especialmente en
comportamientos que involucran intimidación, poder y
persistencia.
Tanto en hombres como en mujeres el desarrollo de
estas conductas inicia con intimidación, seguidas de
establecimiento de diferencias de poder y finalmente de
incremento en la frecuencia; también, se identificó que
el nivel de escolaridad junto con la edad se constituye
como un mejor predictor para las conductas de acoso
escolar virtual que el género (Suparli & Ramdhani,
2015).
Discusión
En el marco de la revisión sistemática que examina el
efecto de las emociones morales en el acoso escolar
entre adolescentes, se ofrece una perspectiva amplia
sobre cómo estas emociones pueden influir en el
comportamiento de agresores, víctimas y espectadores.
Los hallazgos subrayan la importancia de la empatía, la
vergüenza, la culpa y la compasión en la dinámica del
bullying y el ciberbullying, enfatizando cómo las
emociones morales pueden servir como mecanismos
reguladores en entornos educativos.
Los estudios incluidos en la revisión han demostrado
que emociones como la empatía y la compasión no solo
disminuyen la probabilidad de involucrarse en
comportamientos de acoso, sino que también aumentan
la disposición a intervenir en defensa de las víctimas
(Alcántar et al., 2021; Kowalski et al., 2014; Wright et
al., 2020). Por otro lado, la presencia de vergüenza y
culpa indica una conciencia de los impactos negativos
de las acciones, lo que puede reducir la participación en
actos de acoso (Valencia et al., 2020; Kowalski et al.,
2014). Este efecto mediador de las emociones morales
resalta la importancia de integrar estrategias específicas
en los programas escolares que promuevan estas
emociones, las cuales han demostrado ser efectivas
para reducir la incidencia de bullying y ciberbullying
(van Noorden et al., 2019).
Los estudios también sugieren que existen diferencias
significativas en cómo los jóvenes de diferentes edades
experimentan y actúan en función de sus emociones
morales. Por ejemplo, Conway et al. (2016) observaron
que los participantes más jóvenes mostraban menos
emociones morales responsables como la culpa y la
vergüenza en comparación con adolescentes mayores,
lo que podría influir en sus comportamientos en
situaciones de acoso. Las intervenciones que
promueven la comprensión y regulación de emociones
morales han demostrado ser efectivas para reducir la
incidencia de bullying y ciberbullying. Estas
intervenciones podrían fortalecer las habilidades de los
estudiantes para manejar situaciones de acoso de
manera más empática y consciente (van Noorden et al.,
2019)
Por otra parte, los estudios revisados también destacan
que el entorno social y educativo puede influir
significativamente en el desarrollo de emociones
morales. La crianza y las políticas educativas que
fomentan un clima de apoyo emocional son cruciales
para el desarrollo de respuestas emocionales apropiadas
entre los jóvenes (Valdés et al., 2018). Aunque los
avances son notables, aún se requiere más investigación
para explorar cómo las emociones morales específicas
interactúan entre sí y cómo estas interacciones afectan
el comportamiento en situaciones de acoso. Además,
estudiar estas dinámicas en diferentes culturas y
contextos educativos podría proporcionar una
comprensión más global de este fenómeno.
En relación a las implicaciones prácticas de estos
resultados, es fundamental que los educadores sean