
Flores-Tapia et al.
Veritas & Research, Vol. 6, N° 2, 2023, XX-XX
ISSN 2697-3375
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Estado del arte y la práctica
De acuerdo con Lussier y Achua (2016) existen cuatro
paradigmas que intentan explicar la teoría del liderazgo
eficaz e indican cuatro modelos que se han venido
investigando durante décadas y que han tenido, en unos
casos, mucha aceptación y, en otros, relativa acogida
por estudiosos del tema. Dentro de los paradigmas de
estudio se encuentran: a) la teoría de los rasgos que
determina las características distintivas que explican la
efectividad del liderazgo (Ahmed-Khan et al., 2016); b)
la teoría del comportamiento que expone ya sea los
estilos distintivos de los lideres eficaces o bien la
naturaleza de su labor (Jung, 2001); c) la teoría de la
contingencia que propone el uso de los estilos en
función de tres elementos (el líder, los seguidores y la
situación) (Cheong et al., 2019; Chiavenato, 2020); y d)
la teoría del liderazgo integral que combina las tres
teorías indicadas anteriormente y que argumenta por
qué ciertas relaciones de influencia entre líderes y
seguidores son adecuadas (Gandolfi & Stone, 2018).
Por su parte, dentro del paradigma de la teoría del
comportamiento se incluye los estudios realizados por
Blake y Mouton (1994), que proponen la teoría del
liderazgo eficaz. Asimismo, indicaron que existen
tantos y cuantos estilos como administradores y en su
intento por simplificar el universo de las formas de
dirección establecieron cinco estilos (paternalista, dejar
hacer dejar pasar, péndulo, autocrático y democrático)
y dos dimensiones críticas del liderazgo (preocupación
por la producción y preocupación por las
personas)(Blake & McCanse, 1991).
Además, no ha dejado de ser interesante la teoría del
liderazgo eficaz, puesto que sus estudios han servido de
punto de partida para el advenimiento de nuevos
paradigmas. Además, la propuesta de Blake y Mouton
ha seguido evolucionando gracias a diversas
investigaciones (Bass & Bass, 2008; García-Solarte,
2015; House & Aditya, 1997; Olvera et al., 2020;
Pazmiño, 2021) en las que al Test del Grid Gerencial le
han agregado una tercera dimensión que mide la
densidad en el uso de un determinado estilo.
Cabe agregar que Lazzati y Tailhade (2019) diferencian
entre líderes y gerentes e indican que el propósito del
líder es provocar cambios en las organizaciones,
mientras que el rol del gerente es mantener funcionando
plenamente el sistema y, en este orden de ideas,
Hellriegel y otros (2021) concibe el liderazgo como un
proceso en el que involucra la visión, los valores y la
toma de decisiones ancladas al comportamiento.
A criterio de Terrazas (2015), toda organización
depende del líder y por ello es fundamental que esta
persona sea segura de sí mismo, tenga integridad
personal, sepa delegar responsabilidades y sea
democrática, todo esto en beneficio de la empresa;
pues, el liderazgo “también debe entenderse, como la
capacidad de tomar la iniciativa, gestionar, convocar,
promover, incentivar, motivar y evaluar a un grupo o
equipo” ( p. 9). Además, por cuanto el liderazgo influye
en el clima y en desempeño laboral (perjudicando o
beneficiando el logro de los objetivos institucionales),
es importante identificar el tipo de líder que existe en
las organizaciones (Yukl, 2013; Zapata et al., 2016).
Por su parte, Reverté Management (2019), en sus
investigaciones sobre cómo descubrir el auténtico
liderazgo afirma que no es posible determinar un
liderazgo únicamente conociendo las características
de personalidad de los líderes. Se requiere
autenticidad para lograr efectividad en la gestión
empresarial. Por esta razón es necesario evaluar los
estilos de liderazgo sustentados en las competencias
personales mediante la aplicación del cuestionario de
autoevaluación propuesto por Blake y Mouton (Daft,
2022; Flores-Tapia & Ortiz, 2023; Pazmiño, 2021;
Reyes & Hernández, 2020; Wiehrich et al., 2022).
Asimismo, resulta muy útil para las organizaciones el
análisis del estilo de liderazgo desde las capacidades
que tienen los directivos al momento de transmitir los
ideales de la empresa, definido por Escobar (2005)
como una característica subyacente en una persona que
está causalmente relacionada con una actuación de
éxito en un puesto de trabajo. De esto, se destacan tres
factores (el saber hacer, el saber y el ser) como puntales
de un nuevo rumbo gerencial; esto es, el conjunto de
habilidades, conocimientos y experiencia que una líder
tiene que potenciar en el dirección de actividades
concretas en el empresa.
Herramienta de autoevaluación Test del Grid
Gerencial
El instrumento utilizado en la presente investigación es
el Test del Grid Gerencial, un sistema de Malla de
Dirección, Malla Administrativa o Cuadro
Administrativo desarrollado por Blake y Mouton
(1994) cuyo objetivo es evaluar la eficiencia de los
ejecutivos. Como se observa en la tabla 1, es así como
estos autores simplificaron el universo de las formas de
dirección, porque afirmaban que existen tantos y
cuantos estilos como administradores existen,
estableciendo 5 estilos presentados en un sistema de
coordenadas ubicados en los vértices de la malla en una