Interacción de preescolares ecuatorianos y sus figuras de apego
Veritas & Research, Vol. 5, N° 2, 2023, 143-159
ISSN 2697-3375
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Interacción de preescolares ecuatorianos y sus figuras de
apego: utilización de la Escala de Desarrollo Intersubjetivo
Simbólico Madre – Niño
Karina Rosibel Ramírez Moralesa, , Marta Sadurní Bruguéa, , Raquel Jiménez Castilloa, & Iván
Ramírez Moralesb,
a Universitat de Girona, España
b Universidad Técnica de Machala, Ecuador
Resumen
Este estudio examina minuciosamente las interacciones de juego entre preescolares y sus figuras de apego en
familias ecuatorianas, empleando la Escala de Desarrollo Intersubjetivo Simbólico Madre-Niño (Sadurni,
1993). Se analizan 45 grabaciones de niños y niñas de 2 a 60 meses, respaldadas por pruebas de fiabilidad que
refuerzan la credibilidad de los datos, con un coeficiente de fiabilidad de k=0.87. Los resultados muestran que
solo el 20% de los niños jugaban a un nivel intersubjetivo acorde con su edad evolutiva. Además, el 60% de
los niños y el 55.6% de las figuras de apego se enfocaban en el juego de manipulación de objetos. El 77.7% de
las figuras de apego interactuaron a niveles inferiores a los anticipados. Destaca que, en las etapas en que se
esperaría un juego intersubjetivo simbólico con narrativa, todas las interacciones se posicionaron a niveles
inferiores o se caracterizaron por ser didácticas, sin compartir un placer asociado al juego. Estos hallazgos
ponen de relieve la necesidad de investigar estrategias de intervención que fomenten el desarrollo evolutivo a
través del juego. Se sugiere que estudios futuros indaguen en las causas subyacentes a estos resultados y diseñen
intervenciones eficaces para optimizar la calidad de las interacciones de los niños con sus figuras de apego a
través del juego. Este análisis abre una ventana a la necesidad de un mayor enfoque en el desarrollo del juego
en el contexto ecuatoriano, alentando a la exploración y mejora en las interacciones adulto-niño.
Palabras clave: Escala de desarrollo, interacciones, juego intersubjetivo simbólico, preescolares, figuras de
apego
Interaction of Ecuadorian preschoolers and their
attachment figures: utilization of the Mother-Child
Symbolic Intersubjective Development Scale
Abstract
This study thoroughly examines the play interactions between preschoolers and their attachment figures in
Ecuadorian families, using the Mother-Child Symbolic Intersubjective Development Scale (Sadurni, 1993).
Forty-five recordings of children aged 2 to 60 months were analyzed, supported by reliability tests that enhance
the credibility of the data, with a reliability coefficient of k=0.87. The results show that only 20% of the children
played at an intersubjective level consistent with their developmental age. Furthermore, 60% of the children
and 55.6% of the attachment figures focused on object manipulation play. 77.7% of the attachment figures
interacted at levels lower than expected. It is noteworthy that, in stages where symbolic intersubjective play
with narrative would be expected, all interactions were positioned at lower levels or characterized by didactic
interactions without sharing the pleasure associated with play. These findings underscore the need to investigate
intervention strategies that promote developmental progress through play. It is suggested that future studies
explore the underlying causes of these results and design effective interventions to optimize the quality of
interactions between children and their attachment figures through play. This analysis highlights the need for a
greater focus on play development in the Ecuadorian context, encouraging exploration and improvement in
adult-child interactions.
Keywords: Development scale, interactions, symbolic intersubjective play, preschoolers, attachment figures
Veritas & Research
ISSN 2697-3375
Vol. 5| N° 2| 2023
Edita:
Pontificia Universidad
Católica del Ecuador
Sede Ambato
Sección:
Psicología y Salud
Recibido: 03/03/2023
Aceptado: 08/06/2023
Publicado: 30/07/2023
Citar como:
Ramirez Morales, K.R.,
Sadurní Brugué, M.,
Jiménez Castillo, R. &
Ramírez Morales, I.
(2023). Interacción de
preescolares ecuatorianos
y sus figuras de apego:
utilización de la Escala de
Desarrollo Intersubjetivo
Simbólico Madre – Niño.
Veritas & Research, 5(2),
143-159.
Autor corresponsal:
krosibel@gmail.com
Licencia:
Creative Commons
Atribución-No
Comercial-Sin Derivadas
4.0 Internacional (CC
BY-NC-ND 4.0)
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Veritas & Research, Vol. 5, N° 2, 2023, 143-159
ISSN 2697-3375
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Interação de pré-escolares equatorianos e suas figuras de
apego: uso da Escala de Desenvolvimento Simbólico
Intersubjetivo Mãe-Filho
Resumo
Este estudo examina minuciosamente as interações lúdicas entre pré-escolares e suas figuras de apego em
famílias equatorianas usando a Escala de Desenvolvimento Simbólico Intersubjetivo Mãe-Filho (Sadurni,
1993). São analisadas 45 gravações de meninos e meninas de 2 a 60 meses, suportadas por testes de
confiabilidade que reforçam a credibilidade dos dados, com um coeficiente de confiabilidade de k=0,87. Os
resultados mostram que apenas 20% das crianças brincavam em um nível intersubjetivo de acordo com sua
idade de desenvolvimento. Além disso, 60% das crianças e 55,6% das figuras de apego focaram no jogo de
manipulação de objetos. 77,7% das figuras de apego interagiram em níveis mais baixos do que o previsto.
Ressalta-se que, nas etapas em que se esperava um jogo simbólico intersubjetivo com narrativa, todas as
interações se posicionaram em níveis inferiores ou se caracterizaram como didáticas, sem compartilhar um
prazer associado ao jogo. Esses achados destacam a necessidade de investigar estratégias de intervenção que
promovam o desenvolvimento evolutivo por meio do brincar. Sugere-se que estudos futuros investiguem as
causas subjacentes a esses resultados e projetem intervenções eficazes para otimizar a qualidade das interações
das crianças com suas figuras de apego por meio de brincadeiras. Esta análise abre uma janela para a
necessidade de um maior foco no desenvolvimento de jogos no contexto equatoriano, incentivando a
exploração e melhoria nas interações adulto-criança.
Palavras-chave: Escala de desenvolvimento, interações, brincadeiras simbólicas intersubjetivas, pré-
escolares, figuras de apego
Introducción
Los vínculos afectivos y la calidad de la interacción
entre padres e hijos para la salud mental y el desarrollo
de las personas son muy importantes. Los seres
humanos nos desarrollamos en el marco de la
vincularidad y de la intersubjetividad, por lo que la
relación con otro humano es fundamental para la
constitución psíquica; el niño depende de un adulto
cuidador con el que se vincula socialmente, y muchos
de estos encuentros se dan a través del juego (Díaz-
Benjumea, 2006). Perinat y Sadurní (1999)
manifestaron que existe un proceso a través del cual los
niños van adquiriendo un conjunto de significados en
torno al uso de objetos durante las interacciones de
juego compartido con los adultos; argumentaron que
los significados se generan en un proceso en el que los
adultos actúan expresivamente, los niños comprenden
y luego reproducen las acciones realizadas previamente
por el adulto; en explican mo el significado
intersubjetivo de los objetos, palabras y emociones se
crean en la interacción madre-hijo.
Para mejoramiento de las condiciones de los niños y las
familias ecuatorianas resulta importante conocer la
forma en cómo se relacionan las figuras de apego con
los niños y los resultados de estas interacciones sobre
el nivel de desarrollo intersubjetivo simbólico de la
diada. En Ecuador no se cuenta con escalas o
instrumentos de medición con soporte en
investigaciones previas que hayan sido utilizados para
este fin. De aquí que uno de los objetivos del estudio
que se presenta sea la aplicación de la Escala de
Desarrollo Intersubjetivo Simbólico Madre-Niño
desarrollada por Sadurní (1993). Se trata de una escala
de aplicación universal que permite analizar el tipo de
juego empleado por el niño y por la madre durante la
interacción a través de unas fases de desarrollo del
juego intersubjetivo simbólico que se corresponden con
los niveles evolutivos de los niños según los estudios
realizados por la autora de la escala (Adolfo Perinat &
Sadurní, 1999; Sadurni & Pérez-Burriel, 2016).
De acuerdo a diversas teorías del desarrollo infantil,
existen etapas universales en el juego intersubjetivo
simbólico que los niños tienden a atravesar, aunque la
velocidad de progresión puede variar. Estas fases que,
en el apartado siguiente detallamos, evolucionan desde
juegos cara a cara en la que predominan los
protodiálogos, los sonsonetes y el intercambio
emocional entre madre e hijo hasta juegos más
complejos que implican representación simbólica y
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adopción de roles en la etapa preescolar (Berk, 2015).
Es importante señalar que, aunque estas etapas
evolutivas se supone que rigen para todos los niños, la
velocidad a la que estos avanzan a través de ellas podría
variar debido a diversos factores como el tipo de
estimulación recibida, las prácticas educativas que
ejercen los padres o el concepto de juego que sostengan
dentro de su contexto cultural. Por lo que es
conveniente no solamente observar si niños de distintos
países y procedencias culturales confirman una misma
trayectoria evolutiva sino los factores que inciden sobre
ella.
En el presente estudio se utiliza la Escala antes
mencionada con el objetivo de explorar los resultados
obtenidos de la interacción de preescolares
ecuatorianos con sus figuras de apego. En Ecuador, los
estudios sobre interacciones, cuidado sensible,
seguridad del apego, juego intersubjetivo o temas
relacionados, son muy escasos (Bernal & Zulay, 2017).
Por otra parte, Ecuador tiene importantes desafíos en el
abordaje con niños, niñas y adolescentes (OSE, 2016);
por lo que se requiere implementar estrategias y
mecanismos que permitan realizar evaluaciones e
intervenciones de calidad. El tema estudiado es
importante debido a que marca el inicio de la
evaluación en Ecuador del nivel de juego intersubjetivo
simbólico mediante videograbaciones realizadas a las
interacciones de los niños con sus figuras de apego.
Estado del arte y la práctica
Interacción lúdica de niños con figuras de apego
La teoría del apego, desarrollada originalmente por
Bowlby, ha dejado bien establecido que los seres
humanos, desde el momento del nacimiento, necesitan
establecer vínculos afectivos con las personas que los
cuidan que, por regla general son la madre y el padre,
aunque en muchas culturas como la ecuatoriana, las
abuelas pueden considerarse figuras de apego por su
contribución, a veces en substitución de la madre, a la
crianza de los pequeños de la familia. Por otra parte,
Mary Ainsworth fue pionera en establecer las
competencias maternas que favorecen el desarrollo de
un apego seguro; entre ellas destacamos la sensibilidad
materna y su capacidad de cooperación con el niño
(Ainsworth, Rajeki, Lamb, & Obmascher, 1978).
La construcción de vínculos afectivos seguros, la
capacidad de respuesta constante y la sensibilidad de
los padres desempeña un papel importante, no sólo en
la salud emocional de los niños, sino que repercute
también en su desarrollo cognitivo y lingüístico
(Landry, Smith, Swank, Assel, & Vellet, 2001; Landry,
Smith, & Swank, 2003; Malmberg et al., 2016). En un
estudio realizado en Chile, se obtuvo que la baja calidad
de la interacción vincular madre-hijo/a y la parentalidad
poco sensible durante el primer año de vida, se asocia a
una mayor presencia de problemas en el desarrollo
infantil, así como peores resultados cognitivos y
sociales (Binda, Figueroa-Leigh, & Olhaberry, 2019).
La calidad de la interacción que los padres mantienen
con los hijos está determinada por múltiples factores: el
ingreso familiar, el nivel educacional, la pertenencia a
familias monoparentales, la presencia o ausencia de una
red social de apoyo, los recursos psicológicos
personales de los adultos, sus competencias parentales,
la capacidad de mentalización, la calidad de crianza que
recuerdan haber recibido cuando eran niños, el estrés
parental, el estrés marital y las características de los
propios niños (Dollberg, 2022; Escandón, 2008;
Pereira, Negrão, Soares, & Mesman, 2014).
La teoría del apego ha subrayado la importancia de
competencias básicas parentales relacionadas con los
vínculos de apego seguro como son la capacidad de
protección de los hijos (secure base), el confort y
calidez con que los padres reciben de manera
incondicional a sus hijos, sobre todo después de un
acontecimiento estresor (secure haven) (Steele &
Steele, 2021), y la capacidad de regulación emocional
(Schore, 2000). En el polo opuesto de esta necesidad de
contacto y regulación afectiva parecería situarse el
juego exploratorio de los niños concebido como una
forma -desde la base segura de los padres u otras figuras
de apego- de autonomía y motivación para el
descubrimiento y curiosidad de aprendizaje. Sin
embargo, esta dicotomía no está tan clara. Como
algunos autores han puesto de manifiesto, los niños, ya
desde los inicios de vida, no buscan solamente el
refugio y protección de los padres sinó relacionarse y
comunicarse afectivamente con ellos, así como
cooperar y aprender de ellos (Trevarthen, Barr, Dunlop,
Gjersoe, & Marwick, 2003).
Es a través de la matriz dialógica y de la urdimbre
afectiva que la constituye, cómo los seres humanos
interiorizamos los significados del mundo que nos
rodea y nos constituimos a nosotros mismos (Sadurní,
2011). En este sentido, las investigaciones ya clásicas
de C. Trevarthen a las que nos hemos referido en
párrafos y líneas anteriores han sido una referencia
importante para llegar a conocer cómo el bebé se
comunica desde el nacimiento con otro ser humano,
como expresa sus emociones a través de su cuerpo, sus
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gestos y expresiones faciales y cómo tiene lugar ese
lenguaje emocional preverbal entre madre e hijo
conocido como intersubjetividad primaria (Murray &
Trevarthen, 1985, 1986; Trevarthen, 1993). A partir de
los 9/10 meses emerge un nuevo nivel de capacidad de
comprensión en la mente infantil: la intersubjetividad
secundaria (Trevarthen & Hubley, 1978). El niño
empieza, entonces, a darse cuenta de que los estados
afectivos y las emociones de la madre remiten a un
interés externo común: aprender el mundo de los
objetos y sus usos y funciones. El significado de las
cosas, por tanto, no emerge al margen de los afectos y
las emociones.
A medida que el niño avanza en el desarrollo de sus
competencias intersubjetivas su actividad lúdica
también experimenta cambios. Si en la
intersubjetividad primaria los intercambios
comunicativos con la madre tomaban, en muchos
momentos, la modalidad de juego “cara a cara”, en la
secundaria la actividad lúdica con objetos se incorpora
a la interacción madre-hijo. Al inicio son juegos
manipulativos, pero pronto el uso de los objetos con su
significado cultural se incorpora al juego. El niño, a
través del juego con sus figuras de apego y crianza va
interiorizando qué significan las cosas y qué emociones
despiertan. Así "peinar a una muñeca" no representa,
solamente, saber el uso funcional de un peine, sino
compartir la representación socio-educativa y
emocional que representa. Pronto los significados van
a devenir representaciones mentales y su significado
podrá desacoplarse del objeto en sí, creando mundos
simbólicos y algunas veces, imaginarios (Perinat &
Sadurní, 1995).
Es preciso recordar que los seres humanos somos
animales simbólicos (Urzúa, 2019) por nuestra
capacidad para proyectar con el pensamiento lo que no
existe. El simbolismo nos ha permitido trascender en
todas las diferentes manifestaciones simbólicas
(lenguaje, mitos, arte, filosofía, religión o ciencia),
variaciones de una misma consciencia y pensamiento
simbólico que conecta al ser humano con la naturaleza
(De Velasco Galvez & Molina, 2011). Con el dominio
del lenguaje y del movimiento, el niño sale de sí mismo
para penetrar en el mundo de sus semejantes y los
juegos se vuelven más ricos en significado y
simbolismo. Los primeros juegos manipulativos
compartidos darán paso a la asimilación del objeto en
su funcionalidad (por ejemplo, utilizar un biberón de
juguete para “alimentar” a un muñeco. Sin embargo, el
paso crucial será llegar a compartir con el adulto un
significado representacional que no siempre guarda una
similitud formal con el objeto significante, así como
ocurre en el bien conocido ejemplo de Leslie (1987,
1988), cuando un niño es capaz de utilizar un plátano
como “teléfono”.
En el juego simbólico, los niños comparten
representaciones del mundo, así como relaciones entre
los símbolos y sus referentes externos como personas,
acciones y objetos y, presuntamente, son los padres los
principales que promueven el desarrollo de los niños en
este dominio (Bornstein & Tamis-LeMonda, 1995). Por
otra parte, el juego simbólico y el lenguaje están muy
relacionados (DeLoache, 2011; Smith & Jones, 2011;
Wagoner, 2009); ambos siguen procesos de desarrollo
cognitivo similares (Orr & Geva, 2015). La transición
de formas básicas a avanzadas es evidente por un
aumento en el número de unidades de representación
que un bebé puede combinar para crear un acto
simbólico coherente (Piaget, 1962; Wagoner, 2009;
Zittoun, 2009). Durante el juego simbólico se hace una
representación mental de una realidad que no existe en
el momento del juego, al igual que pasa con las
palabras, que se produce un símbolo vocal (una
palabra) que representa un significado interno
relacionado con entidades o eventos en el mundo real
(Wagoner, 2009).
Aunque no abunda la investigación sobre este tema, el
juego simbólico y el apego también se relacionan; hay
evidencias que comprueban que los niños con un patrón
de apego seguro tienen episodios más largos de juego
simbólico y que a los 26 y 28 meses pasan más tiempo
en el nivel más alto de juego simbólico. Así mismo, hay
evidencias de que esos niños tienen episodios más
largos y un nivel de juego más alto cuando las madres
participan activamente en el juego con ellos (Slade,
1987).
Evaluación observacional de la interacción de niños
preescolares con figuras de apego y su motivación
para explorar y jugar
Evaluar la interacción madre-hijo no es tarea sencilla,
aunque existen instrumentos observacionales muy
precisos y de rigurosa evidencia empírica. Quizá uno
de los paradigmáticos en el marco de la teoría del apego
sea el desarrollado por Mary Ainsworth, quien realizó
una investigación focalizada en los efectos de la
separación de la madre como elemento estresor y
activador de las conductas de apego del niño, y en la
capacidad del niño de utilizar a la madre como fuente
de seguridad y regulación de su estado emocional. En
la prueba denominada “la situación extraña” los niños
eran sometidos a una corta separación de la madre. Se
observó entonces que la capacidad de motivación del
niño para explorar y jugar con los objetos puestos a su
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disposición decaía y se reactivaba su necesidad de
contacto o aproximación física con la figura materna
hasta conseguir la calma y, con ella, volver a mostrar
motivación para explorar y jugar desde su base segura
(Ainsworth, Blehar, Waters, & Wall, 1978).
Cuando el niño no necesita a su figura de apego para
regularse emocionalmente y sentirse seguro se abre el
escenario de otras formas de vincularse
emocionalmente con sus padres o figuras de crianza,
entre las que sobresale el juego compartido. Medir la
calidad de la interacción entre el adulto cuidador y el
niño en situación de juego o en otro escenario de
relación ha sido el objetivo de varios sistemas de
codificación, como el desarrollado por Downing (2010)
o como el conocido Coding Interactive Behavior (CIB),
desarrollado por Feldman (1998) cuyas escalas varían
en función de la edad del niño, así que existen
diferentes manuales del instrumento para cada franja de
edad: recién nacidos, infantes, preescolares,
adolescentes y adultos (Chatoor, Hommel, Sechi, &
Lucarelli, 2018; Ruth Feldman, 2012).
Sin embargo, existen pocos instrumentos que permiten
observar la sincronía intersubjetiva del niño con su
figura de apego en relación a la capacidad de juego
simbólico. El interés debería pivotar sobre distintos ejes
interrelacionados entre sí. Por un lado, la capacidad del
niño para desactivar sus conductas de apego y orientar
su interés hacia los objetos de juego introducidos por el
equipo investigador. Y si este primer paso sería
secundado por la madre o retendría al niño para dar
cuenta de su propia necesidad de estar vinculada al hijo
a través de sus conductas de apego. Y por otro lado, y
como interés principal en el presente estudio, la
comprobación del alcance y de las características del
juego intersubjetivo simbólico en una muestra de
díadas ecuatorianas.
Metodología
Participantes
Los participantes fueron seleccionados en las visitas
domiciliarias realizadas a familias en el cantón Machala
(Ecuador) que son parte del proceso de atención
primaria que se brinda desde el área de salud mental del
Centro de Salud Velasco Ibarra Tipo C. Los niños
estudiados, asisten regularmente a los Centros de Salud
del primer nivel de atención para controles generales de
salud y no constituyen una muestra de morbilidad. Este
proceso tuvo la colaboración de dos estudiantes de
psicología de la Universidad Técnica de Machala, con
el acompañamiento y dirección constante del equipo de
investigación. Durante los meses de junio y julio del
2022, se grabaron videos que contaron con la
participación de 45 niños (60% niños; 40% niñas) y sus
figuras de apego. Sin embargo, 4 adultos participaron
en las grabaciones en dos ocasiones, ya que estaban a
cargo de dos niños cada uno; por lo que, en total se
registraron 41 figuras de apego.
Los resultados más destacados de las características de
los niños y de las figuras de apego estudiadas, se
presentan en Tabla 1. Estos datos obtenidos permitieron
comprender las características de los participantes con
el objetivo de explorar posibles rasgos diferenciadores
en futuros estudios. Se puede destacar que, en cuanto a
las edades de los niños, el rango inferior fue de 2 meses,
mientras que el rango superior fue de 60 meses. Ningún
niño presentaba trastornos del desarrollo ni
discapacidad salvo uno de la muestra que presentaba un
retraso madurativo leve. Sin embargo, el 100% de la
muestra proviene de sectores socio-económicos
vulnerables y de entorno de riesgo, entendido este
entorno como un espacio en el que existe criminalidad,
microtráfico, prostitución y otros contextos de riesgo
social.
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Tabla 1.
Características de los participantes
FIGURA DE
APEGO
N= 41
Género
Femenino
100%
Media
31.3
Desviación estándar
9.31
Figura de apego
Madre
84.4%
Abuela
8.9 %
Tía
4.4%
Hermana mayor
2.2%
Educación
Primaria
15.6%
Secundaria
51.1%
Instituto
2.2%
Universidad
31.1%
NIÑO/NIÑA N= 45
Género
Femenino
40%
Masculino
60%
Edad (meses)
Media
33.9
Desviación estándar
Rango superior
Rango inferior
15.7
60
2
Tiene discapacidad 2.2%
Recibe castigo físico 40 %
Recibe violencia psicológica 13.3 %
Percibe agresiones entre sus padres
31.1 %
DIADA
Vive en entorno de riesgo*
62.2%
Nota: (*) El entorno de riesgo es considerado como un espacio en el que existe criminalidad, microtráfico,
prostitución, drogodependencia u otros contextos de riesgo social
Procedimiento
El equipo de investigación se movilizó a los domicilios
de las familias durante el proceso de recogida de
información; todas las figuras de apego participantes
firmaron el consentimiento informado, en el que se les
explicaron los objetivos de la investigación. La
manipulación de los datos se realizó asegurando la
confidencialidad de la información y registrando los
datos bajo un código que mantenía en anonimato el
registro digital de los casos. Se contó con la
colaboración de dos pasantes del último año de la
carrera de Psicología Clínica, quienes fueron
capacitados.
La primera visita consistía en el llenado del
consentimiento informado y la segunda visita en la
grabación de la interacción entre el niño y su figura de
apego; los videos fueron filmados durante 8 minutos.
Se le comunicó al adulto la siguiente consigna:
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“Interactúa o juega con tu hijo mo lo harías
normalmente; si necesitas darle de comer o cambiarle
puedes hacerlo. Este es un material de juego que te
puede ser útil y que a los niños les suele gustar para
compartir historias con sus mamás”. Tomando como
referencia la "Symbolic Toy Box" de Sadur(1993),
el material se llevó como un bolso lúdico a cada visita
e incluía: muñecos de trapo, cuchara, plato, una tapa de
champú (que se parecía a una taza), aros de colores,
peluche de juguete, material para encajar piezas, dos
teléfonos de juguete, xilófono, carro, casa de plástico
pequeña, juego de construcción, cuento, lápices de
colores, papeles y chinesco.
La recopilación de datos sobre las características
demográficas y socioeconómicas se realizó mediante el
"Registro de características familiares, personales y de
contexto social", desarrollado por el equipo del
Laboratorio del Vínculo Afectivo y Desarrollo Humano
de la Universidad de Girona. Este registro se compone
de múltiples ítems que canalizan información relevante
proveniente de informes escolares, sociales y, en el
presente estudio, de las historias clínicas de las
familias.
Así mismo, se procedió al análisis de los 45 videos, a
través de la Escala de Desarrollo del Juego
Intersubjetivo Simbólico Madre - Niño. Este análisis se
realizó por dos expertos, quienes fueron capacitados
por parte de la autora de la escala, luego codificaron de
forma independiente las observaciones de cada video;
los evaluadores registraron el nivel de las interacciones
minuto a minuto y la apreciación de correspondencia
según su etapa de desarrollo en una escala de 1 al 5 con
intervalos de 1; este procedimiento de análisis se
sometió a pruebas de fiabilidad.
Instrumento
Escala de Desarrollo Intersubjetivo Simbólico Madre -
Niño (Sadurní, 1993; Sadurní, y Pérez-Burriel, 2016).
Se utilizó para este estudio, la versión original de la
Escala de Desarrollo Intersubjetivo Simbólico Madre -
Niño (Sadurni, 1993) que ha sido, posteriormente,
reorganizada y publicada como la Escala LISA
(Sadurni & rez-Burriel, 2016). Esta escala ha sido
diseñada para medir el nivel de desarrollo
intersubjetivo simbólico tanto del niño como de la
madre durante el juego compartido en el transcurso de
una sesión de ocho minutos de juego libre y utilizando
objetos de una Caja de Juguetes Simbólicos (Symbolic
Toy Box) que fue diseñada para dar una orientación
sobre los materiales de juego que se pueden poner al
alcance de la madre. La escala presenta unas fases de
desarrollo del juego intersubjetivo simbólico que se
corresponden con los niveles evolutivos estudiados en
la investigación original. En el estudio posterior
realizado sobre esta misma escala, sus resultados
confirmaron que existe una transición evolutiva de las
formas primarias de comunicación y significados
compartidos que se inicia con la manipulación simple
de objetos y termina alrededor de las 147 semanas de
vida, con la capacidad de compartir todo un sistema de
significados a través de la narración (Pérez Burriel &
Sadurní Brugué, 2014).
La escala contiene unas fases de desarrollo del juego
intersubjetivo simbólico, que se presentan en la Tabla
2 y que se corresponden con edades de los niños. Esta
correspondencia ya fue estudiada en la investigación
original de la autora de esta escala (Sadurni, 1993) y
reevaluada en investigaciones posteriores (Pérez
Burriel & Sadurní Brugué, 2014). Los rangos de edades
se corresponden con la mínima edad en que se ha
accedido al nivel de juego en los estudios citados y la
máxima edad encontrada en que se alcanzó este nivel.
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Tabla 2.
Fases de desarrollo del juego intersubjetivo simbólico
Nivel de Juego Descripción
NIVEL 0.
No juego o juego didáctico sin
placer compartido.
Consiste en episodios en los que no se observa a la madre con el hijo compartiendo un
juego o sintiendo placer en dicha interacción. Puede que la madre deje al niño jugando
solo, realice un juego en paralelo o reemplace el juego por una tarea didáctica. Por
ejemplo: que vaya dictando al niño dónde poner piezas de un determinado color. El punto
importante para esta categoría es la ausencia de placer, aunque puede intuir el propósito
de enseñar los colores o las formas, etc.
NIVEL 1.
Juego intersubjetivo persona-
persona (0-14 meses)
Intersubjetividad primaria. Consiste en breves episodios de sonrisas o risas compartidas,
cruce de miradas, vocalizaciones, juegos rítmicos como dar palmas, juegos característicos
de las primeras etapas. Carente de simbolización.
NIVEL 2.
Juego intersubjetivo de
manipulación de objetos. (11-
18 meses)
Intersubjetividad secundaria. Carencia de simbolismo. Consiste en que madre e hijo
exploran el objeto, se lo intercambian, comparten su interés por “hacer algo” con él. Un
nivel más avanzado consiste en relacionar dos objetos poniendo uno encima de otro,
intentando una torre pequeña, poner y sacar objetos uno dentro de otro, apilar, hacer
combinaciones etc.
NIVEL 3.
Juego intersubjetivo funcional-
simbólico simple (15-24
meses).
Intersubjetividad secundaria. Consiste en que madre e hijo, al jugar, utilizan el objeto en
su uso corriente o hacen breves manipulaciones que parecen un inicio de representación
simbólica. A nivel funcional, por ejemplo, la mama usa el peine para desenredar el cabello
de la muñeca. La niña toma el móvil y se lo lleva al oído para comprobar si le hablan.
Puede haber, en sus fases iniciales una ausencia de simbolismo, los objetos son utilizados
en el juego compartido en su función real. Por ejemplo, no se sabe a ciencia cierta si
cuando la niña se pone la cuchara de juguete en la boca está “simulando” que come o
intenta comer de verdad. Suele ser una fase corta y de transición hacia el uso simbolizado
del objeto, aunque esta simbolización aún sea simple.
NIVEL 4.
Juego intersubjetivo simbólico
encadenado y
descontextualizado (19-30
meses)
Intersubjetividad secundaria. Consiste en que madre e hijo juegan a un nivel simbólico
superior al nivel 3. En esta fase el niño ya puede iniciar o seguir un juego de la madre que
contienen varias acciones encadenadas (por ejemplo, dar de comer y beber a la muñeca,
desvestirla, cantarle para que se duerma y ponerla a dormir). Durante las acciones
simbólicas, al menos una o dos se realizan con un objeto que “representa a otro” o “tiene
otro significado” (por ejemplo, una madera se convierte, en el juego, en “una bañera”;
madre y niño articulan piezas del material de juego combinable y crean “una escuela” “un
hospital” “un coche” etc. O la cuchara de juguete se convierte en la imaginación
compartida en “un tobogán”, por poner otro ejemplo.
NIVEL 5.
Juego intersubjetivo simbólico
con inicio de narrativa (25- 32
meses)
Transición a la intersubjetividad terciaria. Este nivel no es distinto al nivel 4 salvo porqué
hay una multiplicidad de acciones encadenadas y eso hace que el juego sea de mayor nivel
y ya adquiera la forma de una narración o script. También el nivel y frecuencia de las
descontextualizaciones que el niño puede iniciar o entender ha aumentado. En cierta
forma este nivel parece ser una transición entre el nivel 4 y el nivel 6. La madre tiende a
realizar un juego narrativo y el niño la sigue bien colaborando con ella en la ejecución del
guion. Sin embargo, el niño representa más un papel de actor que de narrador. Es decir, no
es el que propone el guion. En el nivel siguiente es el niño el que “narra” la historia, en el
sentido que va desenvolviendo las acciones como si fueran parte de una historia y la
madre es la que se acopla y sigue al niño.
NIVEL 6.
Juego intersubjetivo simbólico
narrativo (31-37 meses).
Intersubjetividad Terciaria. Consiste en la capacidad del niño para compartir con la madre
un juego con un guion narrativo que él mismo niño puede iniciar y desarrollar. O bien lo
inicia y desarrolla la madre con amplia colaboración del niño. La media de inicio de esta
fase se sitúa, en nuestros estudios, a los 33,7 meses. El rango de edad encontrado desde la
edad más temprana de aparición es 31.7. Algunos niños se demoran hasta los 37. El nivel
6 es el último nivel que hemos analizado. Para niños mayores de 3 años el nivel que les
corresponde sería el 6.
Nota: Recuperado de Escala del Desarrollo del Juego Intersubjetivo Simbólico (Sadurni & Pérez-Burriel, 2016)
Para la valoración de la adecuación del nivel de juego
intersubjetivo simbólico, la escala se puntúa de 1 a 5 en
base a: 1- No correspondencia en absoluto del nivel de
juego, no juego o juego didáctico. 2- Muy poca
correspondencia; el niño se encuentra dos o más niveles
por debajo de lo esperado. 3- Poca correspondencia; el
niño se encuentra en el nivel próximo inferior al que le
corresponde; 4- El niño se encuentra en el nivel que le
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corresponde y 5.- El niño se encuentra en un nivel
superior al que le corresponde. La misma puntuación se
utiliza para el nivel alcanzado por la madre en su
propuesta o seguimiento de juego intersubjetivo. De
esta manera la escala permite una puntuación y nivel
para el niño y otra puntuación y nivel para la madre.
Análisis de Datos
Se realizaron análisis de estadística descriptiva para
procesar los datos y se utilizaron los programas
Microsoft Excel, Python (2022) y Jamovi (2021).
Para el análisis de los videos se utilizó el método de
muestreo de tiempo; en este contexto se dividieron las
observaciones en intervalos de tiempo de 1 minuto; por
lo tanto, la frecuencia con que los niños y sus figuras de
apego interactúan en los videos de 8 minutos se dividió
en 8 intervalos.
Estos intervalos de tiempo fueron puntuados por dos
expertos de forma independiente, quienes tomaron en
cuenta las fases del desarrollo del juego intersubjetivo
simbólico de la escala y posteriormente clasificaron por
separado la valoración de la adecuación del nivel de
juego intersubjetivo, tomando en cuenta el nivel más
alto alcanzado durante la interacción.
Para conocer el grado de coincidencia entre ambos
codificadores, se utilizó el análisis Kappa de Cohen
para dos codificadores (Cohen, 1960). Se valoró la
correspondencia y ajuste entre el nivel de juego del niño
y el nivel de juego de la figura de apego a través de
estadística descriptiva.
Resultados
Nivel de juego intersubjetivo simbólico y ajuste de la
díada niño - figura de apego
Los resultados obtenidos en la Tabla 3, corroboraron
que, tanto en los niños como en las figuras de apego, el
Nivel 2 - juego intersubjetivo de manipulación de
objetos, es el tipo de juego que predomina en la muestra
estudiada. Este nivel es característico de edades entre
11 y 18 meses, según la escala. Un resultado que no se
esperaba fue que se encontró que, en el caso de las
figuras de apego, el 20 % de las interacciones se
atribuyeron al Nivel 0, definido como juego didáctico
sin un componente de placer compartido.
Con el objetivo de proporcionar un análisis más
detallado de la muestra estudiada, se llevó a cabo un
estudio adicional que se refleja en la Tabla 4. En la
sección gris de la tabla, se presenta la distribución de la
muestra de acuerdo a los niveles esperados para cada
edad cronológica. Las secciones de colores (celeste y
verde) reflejan lo que realmente se encontró después de
aplicar la escala. Al leer horizontalmente en la parte
celeste de la tabla, podemos determinar cuántos niños
se encontraban en el nivel adecuado, así como aquellos
que estaban por encima o por debajo de ese nivel; y, del
mismo modo, en la sección verde se detalla la
información relacionada con las interacciones de las
figuras de apego. Así, podemos examinar tanto la
participación de los niños como las interacciones de las
figuras de apego en relación a los niveles esperados.
Tabla 3.
Nivel de juego que predomina durante la interacción
Niveles n niños % n figuras de apego %
NIVEL 0
-
no juego o didáctico sin placer compartido
0
0.0%
9
20.0%
NIVEL 1
-
juego intersubjetivo persona
-
persona
6
13.3%
2
4.4%
NIVEL 2
-
juego intersubjetivo de manipulación de objetos
27
60.0%
25
55.6%
NIVEL 3
-
juego intersubjetivo
funcional simbólico simple
8
17.8%
5
11.1%
NIVEL 4
-
juego intersubjetivo encadenado y descontextualizado
1
2.2%
1
2.2%
NIVEL 5
-
juego intersubjetivo simbólico con inicio de narrativa
3
6.7%
3
6.7%
NIVEL 6
-
Juego intersubjetivo simbólico
narrativo
0
0.0%
0
0.0%
Los resultados son reveladores: ningún niño de la
muestra alcanzó un nivel superior al esperado por su
edad cronológica; sólo el 20% del total de la muestra
logró situarse en los niveles evolutivos esperados en
función de su edad y a partir del nivel 3, todos los niños
se situaron en niveles inferiores a los esperados.
En lo que respecta a las figuras de apego, sólo cuando
los niños se encontraban en el nivel 1, el 60% de ellas,
se situaron en un nivel superior al de los niños. Este
patrón no se repitió en los niveles posteriores. A partir
del nivel 3, el 50% de las figuras de apego interactuaron
a niveles inferiores a los esperados y, desde el nivel 4,
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el 100% de ellas interactuaron en niveles inferiores al
de los niños. En resumen, de toda la muestra, el 77.7%
de las figuras de apego interactuaron a niveles
inferiores a los esperados.
En la distribución de la muestra en función de la edad
cronológica, no se registró la presencia de niños en el
nivel 0. Sin embargo, en la Tabla 3 se pudo observar
que las figuras de apego participaron en interacciones
en dicho nivel, lo cual indica que en esos casos el juego
adquirió principalmente una naturaleza didáctica por
parte de las figuras de apego. Estos hallazgos resaltan
la importancia de examinar minuciosamente este tipo
de interacción caracterizada por su carácter educativo y
ausencia de placer compartido.
Tabla 4.
Distribución de la muestra y resultados de la interacción después de la aplicación de la escala
Distribución de la muestra de
acuerdo a la edad cronológica Después de la aplicación de la Escala
Niveles
evolutivos
N
% del
total de la
muestra
Niño situado
en su nivel
(nivel
esperable)
Niño
situado en
nivel/es
superior/es
Niño situado
en nivel/es
inferior/es
Figura de
apego situada
en el nivel del
niño
Figura de
apego
situada en
nivel/es
superior/es
(nivel
esperable)
Figura de
apego
situada en
nivel/es
inferior/es
Nivel 0
0
-
-
-
-
-
-
-
Nivel 1
5
11%
5 (100%)
-
-
2 (40%)
3 (60%)
-
Nivel 2
4
9%
3 (75%)
-
1 (25%)
3 (75%)
-
1 (25%)
Nivel 3
4
9%
1 (25%)
-
3 (75%)
2 (50%)
-
2 (50%)
Nivel 4
3
7%
-
-
3
(100%)
-
-
3 (100%)
Nivel 5
4
9%
-
-
4 (100%)
-
-
4 (100%)
Nivel 6
25
56%
-
-
25 (100%)
-
-
25 (100%)
Total
45
100%
9 (20%)
-
36 (80%)
7 (15.6%)
3 (6.7%)
35 (77.7%)
A raíz de lo expuesto anteriormente, se despertó el
interés por conocer la posición relativa de las figuras
de apego. Por consiguiente, la Figura 1, presenta un
gráfico en color que ilustra los niveles de juego
empleados por las figuras de apego con los niños en
relación con los niveles evolutivos esperados para
los niños (que van desde el nivel 1 al nivel 6). Cada
color en el gráfico tiene un significado específico: el
azul indica un nivel superior, el verde señala que la
figura de apego se encuentra en el nivel
correspondiente a la edad cronológica del niño, el
amarillo indica un nivel inmediatamente inferior, el
naranja identifica que la figura de apego se encuentra
dos o más niveles por debajo, y el rojo representa la
ausencia de juego o la utilización de un juego
didáctico sin placer compartido.
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Figura 1. Niveles de juego empleados por la figura de apego con el niño
Por ejemplo, se pudo observar que de los 5 niños que
deberían ubicarse en el nivel 1, tres de sus figuras de
apego se encontraron en un nivel superior, mientras
que dos estuvieron en el nivel correspondiente. Esta
representación gráfica refuerza la evidencia de que el
nivel 1 fue el único en el que se identificaron figuras
de apego por encima del nivel de desarrollo de los
niños. En cuanto a los 25 niños que debían situarse en
el nivel 6, se encontró que 7 figuras de apego
participaron en un juego didáctico o sin placer
compartido, 15 figuras de apego se ubicaron dos
niveles por debajo del nivel esperado, y 3 se situaron
en un nivel inferior.
Este análisis extendido también se aplicó a los otros
niveles (como el nivel 2, nivel 3, nivel 4 y nivel 5), lo
que permitió identificar patrones notables: hasta el
nivel 3, se encontraron figuras de apego que lograban
igualar el nivel del niño. Sin embargo, a partir del
nivel 4, generalmente se ubicaron uno o dos niveles
por debajo, o participaron en juegos didácticos o sin
placer compartido.
La Figura 2, presenta una representación gráfica de
los niveles de juego alcanzados por los niños en
relación al nivel esperado según su edad, que abarca
del 1 al 6. Los colores utilizados en el análisis son los
mismos que se emplearon para evaluar a las figuras
de apego: azul para indicar un nivel superior, verde
para el nivel correspondiente, amarillo para un nivel
inferior inmediato, naranja para dos o más niveles por
debajo, y rojo para la ausencia de juego o juego
didáctico. Es importante destacar que no se
observaron casos en los que los niños superaran el
nivel evolutivo esperado, y tampoco se encontraron
niños en el nivel 0.
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Figura 2. Niveles de juego empleados por el niño en relación a su nivel esperado de acuerdo a su edad
Este análisis s detallado permite, por ejemplo,
observar que de los 25 niños que se esperaba que
estuvieran en el nivel 6, 22 se situaban dos niveles por
debajo, y 3 se encontraban en un nivel inmediatamente
inferior al que les correspondía. Este patrón se puede
aplicar para analizar y entender la distribución en cada
uno de los niveles, proporcionando una visión clara y
concisa de la relación entre nivel de juego
intersubjetivo según la edad cronológica de los niños y
su nivel evolutivo real alcanzado.
Fiabilidad entre observadores
El 100% de los videos fueron codificados por dos
evaluadores expertos, con calificaciones
independientes para la confiabilidad de los datos. La
concordancia intercodificador se obtuvo sobre las
observaciones minuto a minuto del nivel de juego que
predomina, obteniendo un valor de k= 0.83 y además
se obtuvo la concordancia intercodificador de la
valoración de la adecuación del nivel de juego
intersubjetivo, obteniendo un valor de k= 0.87. Los
valores referenciales son: < 0.20 = pobre; 0.21 – 0.40 =
débil; 0.41 0.60 = moderada; 0.61 0.80 = buena y
0.81 1.00 = muy buena. La máxima concordancia
posible corresponde a k = 1; el valor k = 0 se obtiene
cuando la concordancia observada es precisamente al
azar (Altman, 1991) por lo que de acuerdo a los dos
análisis intercodificador, en el presente estudio la
concordancia es muy buena.
Discusión
La interacción recíproca entre madre e hijo, es el
principal agente de socialización y óptimo desarrollo
infantil durante los primeros años de vida. Es
importante resaltar el carácter de reciprocidad, no se
trata de una imposición arbitraria de un ser poderoso
sobre otro pasivo, más bien se trata de una interacción
mutua (Schaffer & Crook, 1981). Así mismo, se tiene
en cuenta la premisa de que el estilo de la madre durante
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el juego, influye sobre el hijo (Keren, Feldman,
Namdari-Weinbaum, Spitzer, & Tyano, 2005). La
presente investigación se ha enfocado en este proceso
intersubjetivo, considerando estudios previos y
evaluando una muestra particular en Ecuador.
Los hallazgos encontrados contrastan con estudios
realizados en otros países en los que encontraron una
frecuencia más alta de juego simbólico y una sincronía
entre padres e hijos en la complejidad simbólica del
juego (Aksoy, Özkan Kunduracı, & Aksoy, 2022; Ruth
Feldman, 2007; Orr & Geva, 2015). En el contexto
ecuatoriano, la interacción figura de apego-niño es
limitada, con los adultos asumiendo un nivel inferior al
niño o un papel didáctico y los niños mostrando un
comportamiento pasivo y un nivel evolutivo inferior al
esperado. La interacción en niveles de juego inferiores
a los esperados por las figuras de apego puede reflejar
una falta de entendimiento de las etapas de desarrollo
del niño y de cómo interactuar de manera efectiva en
cada de sus etapas. Es preocupante observar que un
20% de las figuras de apego han interactuando en el
Nivel 0, basado en un intento de la madre para que el
niño aprenda cosas didácticas como colores o formas y
careciendo de un componente de placer compartido. En
un estudio realizado en Turquía, se analizaron los
vídeos de 19 madres durante la interacción cuando
jugaban con sus hijos de 24 a 36 meses. Este estudio
encontró que tanto las madres como sus hijos
mostraban conductas de juego simbólico con más
frecuencia que conductas de juego no simbólico;
cuando los niños del estudio tendían a mostrar un juego
exploratorio o no simbólico, las madres alentaron a sus
hijos para que ampliaran sus actividades y pudieran ir
más allá de ese nivel (Aksoy et al., 2022). En otro
estudio, se obser a 100 padres e hijos en
interacciones de juego; se obtuvo que la sincronía entre
padres e hijos y el apoyo de los padres al juego
simbólico, predijeron la complejidad simbólica (Ruth
Feldman, 2007).
Del mismo modo, en un estudio realizado en Israel en
el que analizaron quincenalmente a 14 niños,
encontraron que cuando las madres responden a sus
bebés asumiendo un papel activo, mostrando un afecto
positivo o contacto físico positivo, los bebés tienden a
aumentar la producción de actos simbólicos. Además,
se encontró que la capacidad de respuesta de la madre
estaba relacionada con la producción de actos
simbólicos más complejos (Orr & Geva, 2015). En la
muestra ecuatoriana los resultados difieren de lo que se
observa en el estudio de Orr y Geva en Israel, donde la
respuesta activa y positiva de las madres incentivaba la
producción de actos simbólicos complejos en los bebés.
Al contrario, en la muestra ecuatoriana, en los adultos
predominaba un juego intersubjetivo de manipulación
de objetos, s común en niños entre 11 y 18 meses,
incluso cuando la edad media de los niños participantes
fue de 34 meses.
Este patrón de juego inferior al esperado puede deberse
a varios factores. Sadurní (1993) sostiene que la
capacidad de compartir significados a través de la
narración en el juego simbólico debería estar presente
alrededor de las 147 semanas de vida. Sin embargo, en
la muestra ecuatoriana a las 240 semanas, no se observó
juego narrativo. Este hallazgo sugiere la falta de
habilidades de juego simbólico avanzado en los adultos
participantes.
A esto se suma la observación de Keren (2005) que
diferencia entre los estilos maternos facilitadores y
restrictivos en el juego simbólico. El estilo facilitador
está asociado con variables como la elaboración,
descontextualización, verbalización, afecto positivo y
creatividad. En contraste, el estilo restrictivo está
relacionado con la intrusión, crítica, directividad y
afecto negativo. En el presente estudio, se observó que
un gran porcentaje de los adultos participantes
mostraba una correspondencia muy limitada con el tipo
de juego que se debería utilizar con el niño, lo cual se
reflejó en un bajo nivel de juego intersubjetivo en los
niños.
El presente estudio revela que en el Nivel 1, cuando las
figuras de apego se situaban un 60% por encima del
nivel que corresponde al niño, o se mantenían en un
40% al mismo nivel, los niños coincidían en gran
medida con su nivel esperado de desarrollo. Sin
embargo, esta concordancia se desvanec a medida
que las figuras de apego se posicionaron por debajo del
nivel del niño. Esto es consistente con la teoría de Slade
(1987), quien argumentaba que el desarrollo del juego
simbólico en los niños está intrínsecamente ligado a la
interacción y participación materna.
Slade subrayaba que la disponibilidad materna y su
participación activa como compañeras de juego eran
factores determinantes tanto en el nivel de juego del
niño como en la duración de las sesiones de juego.
Además, ella proponía que alentar a los niños a
expandir su imaginación más allá de su propio ser, las
madres podían promover comportamientos s
sofisticados en sus hijos.
En este contexto, las madres se presentan como
compañeras de juego más avanzadas que, en función de
su rol, estructuran la relación diádica de juego. Esto
implica que, para promover un desarrollo óptimo en los
niños, las madres deberían interactuar a un nivel que
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supera el que los niños podrían alcanzar jugando de
manera independiente.
En el presente estudio se infiere que el nivel inferior de
juego intersubjetivo que asumen las figuras de apego
predice el correspondiente nivel en el niño. Una posible
interpretación alternativa podría sostener que las
figuras de apego ajustan su nivel de juego al de los
niños cuando estos no muestran un progreso notable.
Sin embargo, esta interpretación necesita una
exploración más exhaustiva y, a primera vista, parece
poco probable, dado que los niños en el estudio no
conforman una población con trastornos del desarrollo.
Además, que la teoría insinúa que las figuras de apego
deben ser las líderes durante los juegos, apuntando a un
nivel de juego superior.
En consonancia con Ebeling (2011) y Hunt y
Paraskevopoulos (1980), se propone que la
discrepancia observada puede atribuirse a la falta de
conocimiento de las figuras de apego sobre el nivel de
funcionamiento de sus hijos y los juegos apropiados
para su etapa de desarrollo.
La literatura científica sugiere que la capacidad de los
adultos para guiar a los niños hacia niveles superiores
de juego intersubjetivo simbólico puede verse afectada
por una combinación de factores. Estos incluyen su
propio conocimiento acerca del desarrollo infantil y los
juegos apropiados para cada etapa, sus experiencias de
juego durante su infancia, sus creencias acerca de su
capacidad para jugar y del juego en sí, y las funciones
y roles que asumen en el hogar (Palacio, Tocora,
Arango, & Álvarez, 2012). La implicación o ausencia
de estos factores no sólo determina el nivel de
participación de los padres en el juego, sino que
también contribuye a promover aprendizajes y a
construir vínculos que pueden dar lugar a redes de
soporte.
De forma hipotética, podríamos considerar que las
figuras de apego que participaron en este estudio
tuvieron limitadas experiencias de juego intersubjetivo
durante su infancia o escasas oportunidades para
interactuar lúdicamente. Por ende, en su rol de adultos,
enfrentan dificultades para reproducir experiencias de
juego que no tuvieron cuando eran niños. Según las
conclusiones de Lave y Wenger (2002), que sostienen
que la cultura modela el desarrollo de los niños,
podríamos inferir que las variaciones en los resultados
observados en la interacción entre figuras de apego y
preescolares ecuatorianos, podrían estar vinculadas a
factores contextuales. Esta inferencia está en
consonancia con la premisa que sostiene que el proceso
de construcción dual entre padre e hijo es un fenómeno
organizado y moldeado por el entorno.
En Ecuador es necesario fortalecer las competencias
parentales, sobre todo las vinculares (Pacurucu-
Pacurucu, Baculima-Bacuilima, Cordero-Cobos, &
Freire-Pesántez, 2023). Existe fundamento para
plantear la necesidad de crear programas de
intervención para orientar a las figuras de apego sobre
las etapas evolutivas de los niños y para enseñar a jugar
con los niños de tal forma que se encuentren al menos
a un nivel más adelante y que con ello puedan ampliar
los recursos y promover el juego simbólico. Resulta
importante que los adultos desarrollen habilidades que
favorezcan la comunicación con sus hijos a través del
juego, la transmisión de significados y valores y el
placer compartido como uno de los componentes
esenciales de la afectividad y potencialidad del apego
seguro. Las conductas de apego y las conductas de
juego y exploración deben verse como caras de una
misma moneda que posibilita en el niño integrar la
figura de crianza como aquella que protege, conforta,
regula emocionalmente y conduce a través del juego y
de la interacción afectiva a la interiorización de los
significados de la cultura en la que se vive y las reglas
de convivencia además de ser constituyente de las
capacidades creativas y mentalistas del psiquismo en
desarrollo.
Este estudio, a pesar de tener fortalezas y limitaciones,
representa una contribución importante al ser la primera
investigación que examina las interacciones de juego
intersubjetivo de díadas preescolares ecuatorianas y sus
figuras de apego a través de grabaciones de vídeo. Sin
embargo, adolece de ciertas limitaciones que se van a
comentar seguidamente. La primera es que, dado que
las figuras de apego involucradas eran exclusivamente
de género femenino, futuros trabajos podrían ampliar el
alcance incorporando a padres o figuras de apego
masculinas, permitiendo de este modo análisis
correlacionales adicionales sobre la forma en que
ambos géneros se involucran en las actividades de
juego y cómo varían sus experiencias. Con relación al
género, este estudio no investiga las posibles
diferencias en los niveles de juego intersubjetivo
alcanzados entre niño y niña, limitación que debería
subsanarse en un futuro.
Así mismo, es fundamental destacar que los resultados
del presente estudio están contextualizados por las
características singulares de la muestra seleccionada y
el entorno de la investigación. La muestra consistió en
díadas (figuras de apego - niños), de familias
ecuatorianas de bajos ingresos lo cual puede limitar la
extrapolación de los resultados a contextos
Interacción de preescolares ecuatorianos y sus figuras de apego
Veritas & Research, Vol. 5, N° 2, 2023, 143-159
ISSN 2697-3375
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socioeconómicos distintos dentro de Ecuador y en otros
países. Además, estas familias, además de pertenecer a
un sector vulnerable debido a su condición
socioeconómica, residen en áreas con altas tasas de
criminalidad, prostitución y drogadicción, lo que las
clasifica como una muestra de alto riesgo.
A raíz de la escasez de investigaciones previas en este
campo específico, resulta complejo elaborar
conclusiones definitivas. Desafortunadamente, en la
región se han realizado pocos estudios que utilicen
metodologías o medidas consistentes, lo que
obstaculiza la realización de comparaciones adecuadas
y la formulación de conclusiones más generales
(Gavilanes & Villegas, 2023)
Por ende, es plausible que la singularidad de la muestra
y los aspectos del contexto puedan estar influyendo en
los resultados del presente estudio. Esta observación
subraya la necesidad de futuras investigaciones en
Ecuador que empleen medidas y metodologías
homogéneas en una variedad de contextos
socioeconómicos y culturales. De esta manera, se
podrían realizar comparaciones s precisas y se
podría obtener una comprensión más nítida de los
factores específicos de la muestra y del contexto que
pueden estar influenciando los resultados de estudios
similares.
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