Personalidad de los educandos en El Salvador
Veritas & Research, Vol. 5, N° 2, 2023, 94-99
ISSN 2697-3375
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La personalidad como factor crucial en la formación de los
educandos en el contexto salvadoreño
Personality as a crucial factor in the formation of students
in the Salvadoran context
A personalidade como fator crucial na formação de
estudantes no contexto salvadorenho
Marlon Elías Lobos-Riveraa , Marvin Flamenco-Cortezb & José Ricardo Gutiérrez-
Quintanillac
a Universidad Tecnológica de El Salvador, El Salvador
b República de El Salvador
c Universidad Pedagógica de El Salvador, El Salvador
Señor Editor:
Primeramente, agradeciendo el espacio
brindado en la prestigiosa revista Veritas
& Research, el cual aprovechamos para
plantear una temática que en El Salvador
se ha abordado muy poco, que trata de la
personalidad en materia de educación.
Cuando se habla de educación, existen
diversas definiciones que comparten un
elemento en común, y es la formación
(académica/profesional) de personas
(León, 2007). Esta formación está
orientada a un conjunto de variables
como lo son el desarrollo personal,
social, e intelectual, así mismo, la
afectividad, la moral, la cultura, entre
otros (Estrella-Acencio, Valiente-Sandó,
Triviño-Bloisse & Gutiérrez-Cruz,
2017). Cabe mencionar que, una
perspectiva sobre factores que inciden en
la educación, en específico en el
rendimiento académico es la herencia.
Según Fernández (2009), existe
evidencia de como la herencia genética
influye en el rendimiento académico, sin
embargo, no se puede definir con certeza
qué genes se pueden atribuir al
rendimiento académico.
Ya que se ha identificado una serie de genes que, en
conjunto, influyen en procesos cognitivos (Bueno,
2020).
Esto hace pensar que el individuo no es un lienzo en
blanco, aunque no se puede obviar que los factores
ambientales y el entorno social, familiar y educativo en
el que se desenvuelve el individuo tienen un impacto
significativo en el cual se desarrolla, tanto a nivel
cognitivo y personal, siendo pues, relevante los
aspectos socioculturales (como el nivel educativo de
los padres) y socioeconómicas (el poder adquisitivo de
los padres) donde este crece (Fernández, 2009; Bueno,
2020; Campaña-Chaglla & Pérez, 2021).
La educación es considerada como un derecho
fundamental, una actividad indispensable para el
desarrollo en las sociedades, la cual es valorada según
los resultados que se obtengan a nivel país.
Dichos resultados están orientados al cumplimiento de
metas o finalidades específicas, como la generación de
conocimiento, el bienestar, la felicidad, la identidad
individual y la adquisición de la cultura (León, 2012),
las cuales benefician al ser humano facilitando la
movilidad social, desarrollo social, equidad e igualdad,
acceso a salud, perfeccionamiento laboral, otros.
Si bien las finalidades de la educación son diversas
debido a que van dirigidas a las personas, seres
complejos y volubles a los mínimos cambios en su
entorno social, las mismas comparten un mismo
objetivo. Por consiguiente, la finalidad primaria de la
educación es dotar al ser humano de conocimientos,
Veritas & Research
ISSN 2697-3375
Vol. 5| N° 2| 2023
Edita:
Pontificia Universidad
Católica del Ecuador
Sede Ambato
Sección:
Cartas al editor
Recibido: 18/12/2022
Aceptado: 11/06/2023
Publicado: 15/07/2023
Citar como:
Lobos-Rivera, M.E,
Flamenco-Cortez, M. &
Gutiérrez-Quintanilla,
J.R. (2023). La
personalidad como factor
crucial en la formación de
los educandos en el
contexto salvadoreño.
Veritas & Research, 5(2),
94-99.
Autor corresponsal:
marlon.lobos28@gmail.
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desarrollando desde edades tempranas las funciones
cognitivas, buena conducta o ajustada a la exigencias
sociales imperantes e integración a su entorno,
salvaguardando las diferencias que pueda presentar una
persona de otra en relación a variables como el afecto,
la alimentación, la disciplina, el sistema de valores,
entre otras; y que pueden dificultar o facilitar la
enseñanza y el aprendizaje (Garzón, Rojas, Cañizares
& Culqui, 2019). Lo anterior, deviene en un proceso en
el que el individuo se hace a mismo (Tintaya Condiri,
2016). Forjando experiencias e interactuando (a ensayo
y error) con la realidad, influyendo en el significado de
sus vivencias, en la estructura y la función de la persona
y su convivencia con el entorno; en un curso continuo
y dinámico. Por lo tanto, adquiere un conjunto de
características que forman una personalidad idónea
para que pueda desempeñar un rol en la sociedad. Por
tal motivo, es importante realizar investigaciones
científicas sobre el desarrollo de la personalidad en la
educación en el contexto salvadoreño.
En materia de personalidad, las características
individuales pueden incidir significativamente en el
proceso educativo (Woolfolk, 2010). La primera
característica por abordar es el temperamento, el cual
se define como una predisposición emocional con
origen congénito que provoca que el individuo
reaccione según el ambiente en el que se desenvuelve
(Cornellà, 2010). El temperamento tiene un
componente hereditario, constituido por el 50%
correspondiente a las variaciones del temperamento,
teniendo en cuenta que, genéticamente influyen en este
las emociones y el mismo proceso de desarrollo
(Cornellà, 2010). Por lo tanto, según como el individuo
se desenvuelva en su contexto su temperamento irá
adecuándose a las condiciones. Según el tipo de
temperamento que tenga la persona, es así como
socializará y se comportaen el contexto educativo,
por lo que si el estudiante tiene un temperamento con
rasgos negativos puede perjudicar su proceso
educativo. Por ello, Rothbart, Ellis y Posner (2004)
plantean que es importante identificar el temperamento
en edades tempranas, pues esta diferencia individual
puede predisponer una psicopatología, la cual, si se
extrapola en educación, tendrá dificultades tanto de
adaptabilidad como en su desempeño.
La segunda característica individual es el carácter, el
cual es comúnmente diferenciado del temperamento,
como aquello que se adquiere del medio. Según García-
Alandete (2016), con base al abordaje del tema por el
psiquiatra Rudolf Allers, “es la marca de la persona” (p.
247), en otras palabras, es lo que le distingue como
persona, la forma como se expresa, que enferma y que
puede llegar a ser modificable, pero sin cambiar a la
persona como tal (García-Alandete, 2016). Partiendo
de lo anterior, el carácter sería un vehículo en el que el
educador implementa hábitos, que conduzca al
estudiante a una operatividad cognitiva y conductual
representada en habilidades de pensamiento complejo
que se irán desarrollando con el tiempo mediante una
exposición continuada (De Bofarrul, 2019), con la
finalidad, de desarrollar rasgos particulares que
ayudarán, a forjar una personalidad singular y diferente
de otra (La Marca, 2007). Por lo tanto, es importante
resaltar que las diferencias personales, en este caso, el
carácter tanto del estudiante y el educador, son factores
importantes a tomar en cuenta, sobre todo en el proceso
de enseñanza-aprendizaje, pues retomando una de las
principales funciones de la educación es la formación
de ciudadanos funcionales a la sociedad, el carácter es
aquello visible que se haver de ese proceso, en el que
el carácter bueno o ajustado será importante a futuro en
el logro de metas personales y colectivas y de personas
críticas y participativas en la sociedad (De Bofarrul,
2019). Así, un educador con un buen carácter será el
modelo para el estudiante en la adquisición del propio.
Otro punto importante dentro de las características
individuales son los factores socioeconómicos en el
contexto educativo, debido a que, si dichos factores son
limitados, el estudiante tendrá dificultades para
integrarse pertinentemente a la experiencia educativa.
Algunos factores que influyen negativamente en
educación son la situación económica de los padres
(Lackwood Bustillo, Frank Pedro & Argüello
Mendieta, 2008), dado a que, si dicha situación es
precaria, los padres no podrán costear los materiales y
útiles escolares que sus hijos necesitan para
desempeñar sus funciones como educandos; además,
en ocasiones estos últimos también ayudan con
actividades laborales (como en el caso de las
actividades agrícolas) para ayudar con los ingresos
familiares. También, la difícil situación económica
ocasiona que los padres no puedan involucrarse
completamente a apoyar a sus hijos en algunas
actividades escolares. Otro factor es el
desconocimiento de los padres de la importancia de la
educación (Lackwood Bustillo et al., 2008), puesto que,
al no dar la importancia debida a la formación
académica de sus hijos, la misma se desmerita y se
priorizan otras actividades, como las de índole laboral.
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El no contar con recursos económicos también
repercute en otras áreas que a su vez se vinculan con
consecuencias negativas en educación, como las
dificultades para dar una adecuada alimentación, la
higiene e indumentaria, entre otros (García-Gómez &
Cabanillas pez, 2017). Así mismo, puede afectar
otras áreas como el estado anímico, el rendimiento y el
comportamiento dentro del aula (García-Gómez &
Cabanillas pez, 2017). Todas estas situaciones no
solo se limitan a afectar el rendimiento y el
comportamiento dentro del sistema educativo, sino que,
además, el factor socioeconómico es el principal
causante de deserción estudiantil (Lobos Rivera y &
Rodríguez Vásquez, 2022; Ventura Romero, 2021).
También, se deben considerar los antecedentes
psicológicos, puesto que todo estudiante puede
desarrollar diversas afectaciones psicológicas en sus
respectivos contextos sociales, dado a que estas
afectaciones pueden tener múltiples orígenes, ya sea
por el hogar, el mismo centro de estudios, o sus redes
de apoyo secundarias. Cuando el estudiante desarrolla
una psicopatología o afectación psicológica específica
esta puede incidir en su proceso de aprendizaje. Los
problemas de índole psicológico que se presentan con
mayor frecuencia están relacionadas con la autoestima,
el estrés general, el estrés académico, la ansiedad, la
depresión, el insomnio no orgánico, el consumo de
sustancias, entre otros (Chacón Andrade, Gutiérrez
Quintanilla, Lobos Rivera, MacQuaid & Flamenco
Cortez, 2018; Chacón-Andrade, Lobos-Rivera, Flores-
Monterrosa, Pérez & Durón, 2023; Ferrel Ortega, Vélez
Mendoza & Ferrel Ballestas, 2014; Godínez Alarcón,
Reyes Añorve, García Sánchez & Antúnez Salgado,
2016; Gutiérrez Quintanilla, Lobos Rivera, Barrera
Martínez & Medina Díaz, 2020; Jadue, 2002; Landa-
Blanco, Urtecho-Osorto & Aguilar-Chávez, 2022;
Lobos-Rivera, Chacón-Andrade, Gómez-Gómez &
Calito-Palacios, 2023; Lobos-Rivera et al., 2021; Marín
Usuga & Restrepo Mesa, 2017; Plata Zanatta, González
Arratia López Fuentes, Barneveld, Valdez Medina &
González Escobar, 2014).
Sumado a lo anterior, Shapiro Bruce (2011), refiere que
una causa del bajo rendimiento académico y por ende
un factor que limita la educación del individuo, son los
problemas derivados de los trastornos generalizados del
desarrollo, la discapacidad intelectual, el trastorno de
déficit de atención, el trastorno por ficit de atención
e hiperactividad, trastornos del lenguaje (mixtos,
receptivos y expresivos), trastorno de coordinación
motora y las mismas dificultades del aprendizaje, que
pueden tener su origen en el desarrollo del sistema
nervioso. Además, otro elemento para tomar en cuenta
es el estado de salud del estudiante. La presencia o la
ausencia de enfermedades puede ser un factor de peso
que influye en el rendimiento académico (Shapiro
Bruce, 2011; Hernández-García, Álvarez-Martínez &
Ruiz-Ruisánchez, 2019), sobre todo cuando dichos
padecimientos afectan directamente a las estructuras
orgánicas (trastornos visuales, hipoacusia,
enfermedades neurodegenerativas, enfermedades
crónicas etc.) involucradas en el proceso de
aprendizaje. Otro aspecto para tomar en cuenta es el
estilo de vida del estudiante. Un estilo de vida con
hábitos saludables en estudiantes es importante en el
proceso de enseñanza-aprendiza, por lo tanto, la
nutrición, la actividad sica, hábitos de sueño, el
consumo de drogas, entre otros factores, tienen un
impacto en el desempeño académico del estudiante
(Pérez, 2022).
La educación es un proceso complejo que intervienen
diversos elementos ambientales, personales y
biológicos, no solo para adquirir nuevos conocimientos
a través de la enseñanza y el aprendizaje; sino también,
un proceso exclusivamente humano en el que se
desarrolla la socialización, la moral, la espiritualidad y
personalización del estudiante (Fermoso, 1985). Todos
los componentes mencionados anteriormente están
vinculados con la personalidad del individuo,
dotándolo de características esenciales para el buen
funcionamiento como persona. La personalidad según
Mateo-Alonso (1960, como se citó en Amarista, 2005),
es una "síntesis integrativa dinámico evolutiva de los
factores biológicos, psicológicos y sociales" (p. 12),
partiendo de lo anterior y retomando el factor social, las
instituciones educativas tienen un papel importante en
el desarrollo de la persona, por ello, el sistema pretende
que cada individuo desarrolle su propia personalidad,
pero esta debe estar encaminada a una finalidad que
beneficie y aporte significativamente a la propia
persona y a la sociedad.
Ahora bien, las instituciones educativas buscan por
medio de sus herramientas que el ser humano tenga una
personalidad eficiente. Este tipo de personalidad
consiste en que la persona cuente con características
esenciales que le permitan enfrentarse de manera
exitosa a los desafíos de su entorno (Santos-Álvarez &
Garrido-Samaniego, 2015). La personalidad eficiente
ya se ha investigado en el contexto educativo a nivel
internacional (Fueyo-Gutiérrez, Martín-Palacio &
Dapelo-Pellerano, 2010; Martín, Martín, Fernández,
Dapelo & Marcote, 2004; Rocabert, Gómez & Descals,
2006); sin embargo, en El Salvador no se han realizado
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investigaciones de esta temática. La evidencia empírica
indica que una persona con este tipo de personalidad es
más asertiva a nuevos desafíos tanto a nivel educativo
como a nivel social. Este tipo de personalidad es la que
se espera que el ser humano desarrolle en su formación
como “hombre”, puesto que en una sociedad ideal es
deseable que las personas se desempeñen
eficientemente a nivel laboral, familiar, social,
educativo, entre otros. Con ello se garantiza que el
individuo sea un ente que aporte significativamente en
su respectivo contexto, siendo un ser aparte de eficiente
para la sociedad, versátil, independiente, tolerante y
con valores notorios (Mehran, 2010).
Los resultados de este tipo de personalidad en el ámbito
educativo se traducen en tener un sobresaliente
rendimiento académico y satisfacción personal por el
cumplimiento de objetivos en dicho ámbito. Autores
como Santos-Álvarez y Garrido-Samaniego (2015) han
comprobado que las características de este tipo de
personalidad en estudiantes resultan ser relevantes para
explicar la satisfacción del estudiantado con el proceso
educativo. Asimismo, una persona que está satisfecha
con sus resultados educativos continuará mostrando un
comportamiento eficiente en su quehacer académico
(Villalustre-Martínez & Del Moral-Pérez, 2011), que le
permita motivarse más y continúe cultivando su
personalidad.
En el contexto legal, la educación en distintos países
pretende el desarrollo de la personalidad de sus
ciudadanos. Países como El Salvador, Costa Rica,
Nicaragua, Colombia, Ecuador, y Paraguay mencionan
en sus respectivas leyes de educación que el fin (o en
su defecto, uno de sus fines) de la misma es el
“desarrollo de la personalidad”. Y cada país señala
diversos elementos como: valores tanto ciudadanos
como morales y espirituales, que sea un ser con
madurez afectiva, cívico, ético, intelectual, con
crecimiento armónico, y socialmente íntegro y activo
(Estrella-Acencio et al., 2017). Adicionalmente,
República Dominicana y Venezuela también establecen
que el fin último es el desarrollo de la persona,
cubriendo muchos de los elementos mencionados
anteriormente, lo cual puede interpretarse con que
implícitamente buscan un desarrollo de la personalidad
deseable para su nación (Estrella-Acencio et al., 2017).
Las características anteriormente mencionadas
permiten que el ser humano no solo tenga un proceso
formal para adquirir conocimientos, habilidades y
destrezas; también, que este posea un comportamiento
socialmente aceptado por el resto de las personas en su
entorno, para que pueda desenvolverse con ellos y
contribuyan tanto de manera individual como colectiva
en el desarrollo óptimo de sus respectivas sociedades,
con los propósitos de desarrollo a nivel país. Es por ello
por lo que, al ser de interés de cada nación que sus
ciudadanos sean competentes y tengan una
personalidad eficiente. Asimismo, la educación es un
derecho para toda persona en cada país, puesto que el
propósito de ello es que todos tengan acceso a ser
formados en el contexto educativo y adquieran diversas
características, teniendo en cuenta la individualidad y
singularidad de cada uno de los individuos.
Con todo lo anterior, se concluye que la finalidad de la
educación en términos generales, uno de los objetivos
es propiciar a las personas el desarrollo de una
personalidad ideal que le permita convivir con otros,
tanto en el contexto educativo; el cual, luego de la
familia es el primer sitio donde convive con otras
personas ajenas a su núcleo familiar. Con el paso
gradual del tiempo este individuo continuará su proceso
de formación y desarrollo de su personalidad y se
relacionará con s personas en otros contextos
educativos e inclusive laborales, con quienes tendrá que
convivir de manera armoniosa, tal como lo hizo en el
pasado según su proceso formativo referente a su
educación. Por lo tanto, es importante realizar
investigaciones enfocadas en los aspectos que influyen
en la construcción de la personalidad en materia de
educación en El Salvador, con el propósito de
evidenciar los procesos de desarrollo de la personalidad
del estudiantado, obteniendo hallazgos significativos
que ayuden a conocer si el estudiante tiene o no un buen
desarrollo de esta. A su vez, proporcionar al sistema
educativo formal en todos los niveles, tanto las
instituciones públicas como privadas, datos de suma
importancia para sus contenidos orientados al
desarrollo de la personalidad.
Estos esfuerzos estarían orientados con el
cumplimiento del marco legal en materia de educación
anteriormente expuesto relacionado con la
personalidad como un fin para el buen desarrollo del ser
humano en sociedad. Sin embargo, se debe reconocer
que pese a que la educación tenga el fin de dotar ciertas
características esenciales para que se desarrolle una
personalidad idónea, no significa que rendirá frutos en
absolutamente todas las personas que participan en este
proceso de formación, puesto que cada individuo
convive en diversos contextos sociales y estos pueden
intervenir en el proceso educativo, así como en la
construcción de la identidad y de la personalidad. No
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obstante, el fin de la educación continuará llevándose a
cabo, puesto que cada nación espera que sus ciudadanos
sean entes de cambio y aporten en conjunto al buen
desarrollo de su entorno.
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